
Ancha, flamante, desocupada, la playa de San Salvador luce todo su resplandor a estas horas de la mañana. La fina arena blanquecina, harina algo tostada, aguarda displicente, relajada, las hordas de turistas que, tal como se presenta la climatología, están al caer en fechas no muy lejanas. Desde hace unos años la temporada alta vacacional se ha alargado: por delante, en junio, y por detrás, septiembre y octubre. Amén de puentes y fines de semana de climatología benigna que tocan a rebato para la escapada. Será cosa del cambio climático.
Subsisten, sobreviven, persisten en permanecer como antaño, algunas casitas antiguas en la fachada costera, algunas villas de recreo señoriales, frente a la constante agresión de un mal entendida modernidad que se implantó en los sesenta y los setenta y se disparó después.
Voy dejando la comarca del Tarragonés, el Camp de Tarragona, e internándome en el Bajo Penedés, pero no se da discontinuidad paisajística. El terrero sigue siendo llano, lo será hasta alcanzar el macizo del Garraf.

Un poco más adelante desemboca inerte, extenuada, como un reguerillo residual entre la arena de la playa la riera de La Bisbal o Rasa de Manver que procede de El Vendrell. La atravieso por un airoso puente. Suponen estos arroyos de aguas escasas, pequeños remansos de frescor, reductos donde la vida vegetal y animal intenta resguardarse, sobrevivir, esconderse de las acometidas edificatorias. Son canalillos antiguos que se preservan como zonas verdes, como ocurre en otras partes con recientes intentos por recuperar dunas playeras pretéritas, en aras de un entendido ecologismo retardado, postural. Moderneces, poses, intentos municipales por maquillar la invasión constructiva que sus predecesores alentaron (y ellos toleran todavía). Cartelería barata de sus buenos propósitos.
Playa de Les Madrigueres, última ventana al mar, reza el cartel municipal. Como en otros puntos se anuncia una experiencia piloto de recuperación de dunas y, con ello, de especies vegetales autóctonas y microfauna. Alerta sobre el peligro de desaparición de los humedales litorales -¡a buenas horas mangas verdes!-, sobre su papel fundamental a la hora de controlar las inundaciones, por su función de esponjas, y su importancia para combatir el cambio climático, como absorbentes y fijadores del exceso de carbono. Lo vengo repitiendo en numerosas etapas. Un artículo a propósito, CO2 verde y CO2 azul, en el jalón 30º, explica pormenorizadamente como los bosques absorben y almacenan ese exceso de carbono verde, ese dióxido de carbono de la emisiones contaminantes procedentes de la industria, el tráfico y demás actividades humanas; pero también como los marjales, manglares y marismas litorales, retienen el llamado carbono azul a través de las especies vegetales acuáticas depositándolo en los sedimentos y como, en caso de degradación o desaparición, revertiría el proceso, quedando liberado en la atmósfera.
Construcciones de nuevo, persiste la invasión residencial, Prat de Calafell, hasta el torrente o riera de la Grallera, que se mantuvo, más que por propósitos ecológicos, como vía de evacuación de torrenteras. Está claro, vista la profusión de estos desagües naturales, que este litoral debió ser una gran zona lagunar que hubo de desecarse para levantar tanta urbanización, tanto poblado vacacional como recorro. La atravieso por un sobrio puente de madera.

Municipio de Calafell, largo e incruento paseo marítimo, monótono, uniforme, desangelado. Hormigón y ladrillo, balcones y terrazas, bloques y más bloques, mamotretos, torres y más torres ante la cuidada parrilla tostadora del verano, la alfombra de arena para broncearse. Firmes, marciales, alineadas las palmeras -apenas una nota de color entre tanto cemento- me contemplan pasándoles revista, aprovechando su sombra en esta soleada mañana de mayo. L´Éstany Mas Mel, laguna residual que contiene una ciudadela ibérica primorosamente restaurada. Envidia de aquellos tiempos, eran otros ritmos de vida.
Port de Segur, como una lengua bífida surge de los edificios y se adentra en el agua. El arenal, muy mermado, se interrumpe bruscamente con otro puerto deportivo, otro garaje de barquitos de recreo. Paseo marítimo de Cunit.

La playa se va estrechando. A partir de aquí será necesario, y de qué manera, fabricar playa. Surgirán como setas tras la lluvia, una sucesión ininterrumpida de espigones, un rosario de escolleras, a lo largo del paseo marítimo de Cunit, sin solución de continuidad, que no he visto en ningún otro punto del litoral mediterráneo, y mira que llevo recorrido trozo, casi un millar de kilómetros. Desde el aire aparecen como ráfagas de metralleta sucesivas, tal parecen tanta T T T T dibujada, pues esa es la forma que tienen, junto a la costa. Entre ellas se dibujan, se fabrican, a modo de habitaciones playeras, medias lunas de litoral arenoso, con una curiosa amígdala sujetas a la playa como isletas. Será así hasta el final de la etapa, y aún mañana, en la playa de Sitges. Es lo que tiene vender sol y playa, que donde ha mengua, hay que recuperarla como sea.
Monotonía de paseo marítimo enlosado, dureza del piso. Decido andar playa. Nada más introducirme en el arenal encuentro un cochecito metálico, de aleación, un deportivo verde, una pérdida infantil, un descuido. Lo regalo a otro niño, un poco más adelante, como un tesoro encontrado. Su iluminada sonrisa y el agradecimiento de su madre merecen mi gesto. Lo que a uno sobra beneficia a otro.
Me detengo y echo un trago de agua, hago un descanso junto a un terreno preparado para jugar a petanca. Se desarrollan dos partidas, dos mujeres participan, una en cada equipo y, por supuesto, juegan bien. Ocurre como cuando, años ha, encontrabas una aficionada al futbol, que entendía más que muchos merluzos vociferantes. Aquí no hay integración ni paridad ni cuotas, simplemente juegan. Es tan sencillo como eso, arrimarse y probar, esperar a que falte uno en un equipo y demostrar que se sabe jugar.

La playa de Segur-Calafell era una zona de antiguos humedales, de estanques y lagunas entre campos de dunas, que se extendían unos 13 km. a lo largo de toda la franja costera del Baix Penedés, como cumplidamente informa un cartel. Su riqueza piscícola enfrentaba a los grandes señores y la iglesia. Añade que se degradaron por tanta de edificación de primera línea de costa, tanto puerto deportivo y por la construcción de la central térmica de Cubelles, entre 1975-79 (se logró el cierre en 2015 y posteriormente se ha desmantelado).
Cruzo el torrente de Pedro y San Antoni, en Les Sabines, playa de les Gavines, habitualmente seco por su estacionalidad. Este reguero marca el límite provincial entre Tarragona y Barcelona. Al finalizar esta última provincia, en el rio Tordera, junto a Blanes, me quedará únicamente transitar la provincia de Gerona. Habrán sido ocho en total y cuatro comunidades autónomas, todas las que baña el mediterráneo: Andalucía, Murcia, Comunidad Valenciana y Cataluña. ¡En fin, todo se andará!

Ahora alcanzo, precisamente, el puerto de la antigua central térmica de Foix un remanso de verdor recuperado. Un gran rectángulo de 400 por 200 m. perimetrado por malecones con numerosos puntos de amarre que ha quedado como inmenso estanque para pescadores.
Lo que de verdad interesa, a nivel faunístico y botánico, unos metros más adelante, es la desembocadura del río Foix, declarado Parque Natural. El delta que formaba, y que se intenta recuperar, es un área de descanso para aves migratorias entre el delta del Ebro y el del Llobregat. Forma el cabo de San Pedro. De aquí parte hacia el interior, remontando la ribera, un ramal del GR-92 que vengo siguiendo a lo largo de la costa, el GR 92.5, que llega hasta el embalse de Foix y, curiosamente, hasta un pueblecito llamado La Rábita. No confundir con La Rápita del delta del Ebro, antes conocida como San Carlos de la Rápita – recomiendo consultar el jalón 37º donde se comenta la enorme metedura de pata de la corporación municipal al respecto.
Comarca del Garraf….Playa de Cubelles, playa larga a costa de nuevas ráfagas de metralleta T T T T T, pero aquí aparece una variante, debe ser otro tipo de munición, se deforman las T, alguna parece una L, otra una Y. Hasta que se agota la balacera y entonces surge un tramo de aproximadamente medio kilómetro donde desaparece la playa artificial, llegando el mar hasta el terraplén de la vía del tren. Apenas unos pedruscos gordos diseminados logran contenerlo y trazar un escueto paso, una senda punteada de grava gorda, la que asienta las traviesas, que me lleva hasta la Punta del Sant Gervasi, también llamado el Racó de Santa Lucía. Aunque es la patrona de los ciegos, es preciso tener los ojos bien abiertos para saborear este excepcional paraje: un roquedo prominente, en medio de tanto arenal, ocupado por una urbanización de estilo ibicenco que no desentona. Hasta una piscina sobre el mismo borde el agua tiene, y permite el libre paso de peatones y bicicletas.

Finalizado el roquedo desemboco en la playa de Aiguadolç, debió existir una fuente por aquí, de la que no queda ni rastro. Playa de san Gervasi y playa de la República, donde sobresale la atractiva silueta del chalet del Nin, principios del XX. Alcanzo las primeras construcciones de Vilanova i La Geltrú.
Subsiste una atractiva escultura cubista de un toro, cerca del puerto. Extraño con los tiempos que corren para la fiesta en Cataluña. Pero supongo que la existencia del Espacio Guinovart, un pequeño museo en la Torre de Ribes Roges, influye. Torre Blava (azul), como también se la conoce, es una carlina o torre carlista del XIX, completamente cilíndrica, sin talud, en medio de una rotonda. Lo reseñable es que, después de un período en el que se pensó eliminarla, fue restaurada entre 1998 y 2000, se sobrealzó y se habilitó como espacio artístico dedicado al Mediterráneo ya los marineros por Joseph Guinovart, artista barcelonés. Una pena que a mi llegada se encuentre cerrada. Es una constante en las torres y castillos que visito, bien por lo deslucido de las fechas, fuera de la temporada alta veraniega, o por las deshoras a las que acostumbro llegar.
Si encuentro, sin embargo, cumplida información en un cartel, junto a ella, acerca de los escenarios que protagonizaron episodios relevantes en nuestra última contienda civil. Tienen el título genérico de Espacios de la Memoria (Itinerarios del Penedés, Defensa de las costas), y los vengo viendo a lo largo de mi andada.
La zona portuaria de Vilanova y la Geltrú ocupa unos 800 metros, antes eran un arenal donde se varaban las barcas pesqueras. El lugar es conocido por Ribes Roges. A principios del XX se comenzó a urbanizar la playa, el núcleo urbano del pueblo distaba, como la mayoría, de la costa para prevenir ataques piratas.
A propósito de la masificación subsiguiente recuerdo que tengo leido en un libro de memorias de la periodista Carmen Rigalt algo así: Antes, hace nada, se decía que las apariencias engañan, ahora la que engaña es la realidad porque las mayoría de las cosas ya no son, sino lo que parecen. Todo lo que nos rodea es puro simulacro, escenificación.. Aplicado a esta parte de la costa que vengo recorriendo, se podría colegir que lo que fueron apacibles pueblecitos de pescadores, aldeas agrícolas con una economía de subsistencia, han derivado en horrendos Parques Temáticos para el Turismo. Pueblecitos de pescadores, con sus pequeños puertos, sus barrios portuarios de casitas bajas, sus almacenes para redes y útiles de pesca, sus callejuelas de artesanos, etc. transformados en zonas de copas, en locales de moda supuestamente bohemios, en tiendas de souvenirs, en pasarelas estivales del postureo.
Aquellos bares de pueblo de toda la vida ahora son cafeterías, franquicias de heladerías, de burgers, restaurantes de diseño. La recoleta plaza mayor es un emporio de tiendas de moda y terrazas-pasarelas para beber, ver y ser visto. De una u otra manera han terminado por expulsar sin contemplaciones a sus primitivos habitantes o descendientes, por pura especulación o elevados precios, para habilitar pisos turísticos, alojamientos de cama y desayuno u hotelitos con encanto.
Amueblan la vieja pinada con mesas de madera y barbacoas, transforman el camino a al molino, a los saltos del río, a las pozas de baño de toda la vida en un cómodo sendero que repueblan de flores foráneas, plantas alóctonas, invasivas. Sin criterios coherentes, respetuosos pensando en el pan para hoy, para mi legislatura, pero dejando destrozos para mañana.
¿Qué queda entonces? Queda mirar al mar, perderse en su lejanía, sobrevolarlo a la en búsqueda de territorios, hacia un horizonte prometedor. Cuando me hallo en ese fuego cruzado que libran el hormigón y el ladrillo contra la naturaleza, siempre queda la opción de aliviarse contemplándolo, aunque asaltado también por monstruosos puertos, escolleras y espigones; alterada su línea de litoral, retranqueada y modificada; contaminadas sus aguas, es la única escapatoria porque no se deja de conservar su esencia.

Por la tarde, tras el descanso, todavía maltrecho, salgo a buscar lo que queda del recinto amurallado del antiguo Castillo de Geltrú. La ciudad es extensa, subo un pequeño desnivel hacia la parte alta del pueblo, recorro los dos kilómetros que dista la Torre d´Enveja (de la Envidia) o de San Joan, lo cual, en mi actual estado, tiene mucho mérito. La diviso airosa presidiendo una zona verde, recreativa. Junto a ella, formando un conjunto, se encuentra la capilla de San Juan, románica del siglo XII, aunque su interior es gótico, de factura muy sencilla, de una sola nave. Parece ser que se levantó en 1225, el día de San Juan, al reconquistarse la torre. Fue la capilla del castillo. En cuanto a la torre, data del XIII, aunque se levantó sobre los cimientos de otra anterior. Sorprende por su altura, 12 m., tiene además un sótano de 4m. Sus tres pisos contienen aberturas de ventanas y puerta enmarcadas en piedra, lo que la hace más vistosa. Se encontraba en el recinto amurallado de la ciudad, que presidía el castillo de Geltrú, que se documenta desde 1080, aunque los restos actuales datan del XII, se le añadieron dependencias posteriores entre el XIII y el XVII, por lo que se encuentra muy transformado. Se articula el conjunto de planta rectangular en torno a un patio central. La fachada E conserva la base de una torre cuadrangular, que es la parte más antigua, s XII. Fue restaurado a principios del XX.

Vilanova i Geltrú es capital de la comarca del Garraf. Incrementó su importancia comercial cuando Carlos III permitió el comercio con América de todos los puertos de la península. También la llegada del ferrocarril en 1881, la línea Barcelona-Vilanova-Valls, contribuyó a su proyección como moderna urbe -señala el cronista Josep Pla en su Guía de Cataluña– y la construcción de la carretera de la costa, merced a los esfuerzos del diputado a Cortes Víctor Balaguer. Este prohombre local, que fue diputado y ministro, destacó como escritor, periodista y político, y renombrada figura de la Renaixença, movimiento de regeneración de la cultura catalana encuadrado en el Romanticismo europeo, en la segunda mitad del XIX. Existe una Biblioteca Museo Balaguer levantada en 1884 de suma importancia, contiene unos 50.000 volúmenes, además de otras publicaciones y una excelente pinacoteca con interesantes colecciones de pintura de nuestro siglo de Oro (Greco, Murillo, Rivera, Rubens, Goya) Barroco, con obras de Rusiñol, Casas, Nonel, Mir, Anglada Camarasa, etc.; secciones de arqueología, colecciones egipcias, precolombinas, filipina, oriental.
He de constatar que, al igual que en otros pueblos de la zona, subsisten tres torres circulares de mediados del XIX, edificadas a consecuencia de las guerras Carlistas. Se sitúan muy cercanas al pueblo, en las afueras: la de Garrell, la de la Inmortalidad y la de Plats i Olles, otra, un poco más distante, la torre de Vallés. Son de fisonomía distinta a las torres de guaita medievales, de fabricación más tosca, chatas de apariencia por su mayor diámetro y menor altura y cilíndricas completamente, no cónicas como aquellas ni ataludadas. No me extiendo en su descripción porque no son el objetivo de mi peregrinar. Si destaco la Torre de Salicrup, del XIII, preciosa torre defensiva cuadrada integrada en una masía, aunque esta revocada con cemento y almenada con dudoso gusto. Pasó a manos de los mercedarios en 1644, que la restauraron y fortificaron.

jueves 9 de mayo de 2024