
El arqueólogo y doctor en arquitectura Miquel R. Martí Maties de universidad Politécnica de Valencia, en el VI Congreso Internacional de Ingeniería Romana, celebrado en Santo Domingo de la Calzada (La Rioja) en noviembre del 2019 documenta los tramos que formaban parte del mayor acueducto levantado en Hispania Romana. Un total de 98,6 kilómetros que partían de un manantial de Tuéjar , en la serranía de Valencia, a 585 metros de altura, y que acababan en el actual centro de Valencia, a nivel del mar. Es decir, esto supone que los azudes y acequias medievales de la huerta valenciana son solo una adaptación, por tramos, de la obra de ingeniería que diseñó Roma.
Se detectan desplomes que afectaron al tramo de Chelva, Gestalgar (acueducto de Calicantos) y sucedieron en otros lugares: “Esos tramos desplomados, borrados, hicieron pensar que nunca se acabó y llevaron a algunos a ofrecer alternativas novelescas del porqué no se finalizó”, dice el arqueólogo.
Con la caída del Imperio ya resultaba imposible mantener la infraestructura dada su longitud y la inversión requerida. Así que lo recortaron, se conformaron con el trayecto que se mantenía entre Vilamarxant y la capital valenciana. El agua ya no llegaría del manantial original de Tuéjar, sino directamente del Turia. “Esto suponía menos problemas técnicos y económicos y se aprovechaba la gradiente para el curso del agua por gravedad”, dice Martí Maties.
Ya en el siglo VI, Valencia se recuperó económica y socialmente de la crisis tardoromana y surgió una nueva arquitectura monumental. Los bizantinos, que buscaban cereal para Constantinopla, reconstruyeron el acueducto valenciano con la colaboración de la élite de la ciudad hispanorromana. Unos kilómetros hacia el interior se construyó una ciudad Valencia la Vella, actual Ribarroja que será conquistada por el rey visigodo Leovigildo. El acueducto desde Vilamarxant la abastecerá.
En época árabe, Valencia volvió a ser el centro. En el siglo IX, la acequia de Rovella, reciclando el canal romano, penetró directamente en la capital. “La diferencia entre la hidráulica romana (pensada para consumo humano especialmente) y la islámica es la que existe entre un buen cable oficial grueso de la luz y las tomas ilegales de pequeños cables en un barrio (azudes y acequias). Las acequias musulmanas, con el mismo canal o no, siguen el trayecto diseñado por Roma. Por tanto, los árabes no inventaron el regadío hispano del que ya hablaba el agrónomo gaditano romano Columela, ni las norias, que eran griegas. Roma fue la pionera como demuestra la existencia del acueducto, adaptado por los bizantinos y visigodos y después por árabes y cristianos», según Martí Maties.
El desarrollo moderno cercenó partes de esta grandiosa obra. Por ejemplo, la construcción del embalse de Loriguilla en 1965, próximo al Parque Natural de Chera-Sot de Chera, inundó los restos del acueducto. Utilizando fotografías aéreas del Ejército de Estados Unidos realizadas en 1956, Martí Maties ha recuperado su trazado original. El acueducto es visible entre los municipios de Tuéjar y Domeño (28,6 km). Entre Vilamarxant y Valencia se conservan otros 26 km. intermitentes, así como 700 m. en Gestalgar, que se unen a otro kilómetro y medio, ya en túnel, entre esta localidad y Chulilla. A su llegada a Valencia capital, el acueducto entraba por el mismo sitio donde hoy penetra la acequia de Robella, donde ahora se alza la Casa de la Misericordia, pasaría a la plaza del Tossal y de allí repartiría el agua a toda la ciudad.
Trayecto:
Tuéjar / Domeño El Viejo / Pedralba / Gestalgar / Manises…Plaza del Tossal