ALMADRAVA TABARQUERA

EL COMPLEJO ARTE DE PESCA DE LA ALMADRABA

Es un arte fijo de pesca consistente en la colocación de un complicado sistema de redes, desplegadas perpendiculares a la costa, que ocupan desde la superficie hasta el fondo, adaptándose a las irregularidades del terreno, para interceptar el paso de los bancos de pescado (atunes, bonitos, caballas y melvas, sobre todo), dirigiéndolos hacia una cámara interior llamada copo donde se les obliga a subir a superficie, desde donde se pueden arponear, enganchar y extraer. Supone una importante infraestructura en barcas y personal, gran número de anclas para asegurar las redes al fondo y flotadores de corcho natural (hasta 70 kg por almadraba), así como kilómetros de redes (de esparto y cáñamo, originalmente); por lo que han de constituirse sociedades mercantiles para su explotación, que se regula por concesión real o señorial. Por tanto era un arte de carácter social, que daba trabajo a muchas familias y que se organizaba jerárquicamente.

     Constituyen artes fijos aunque, originalmente, pudieron ser móviles y actuar en mar abierto, aunque siempre próximas a la costa. Se calaban durante largas temporadas coincidiendo con la entrada de bancos de pescado al Mediterráneo para desovar, procedentes de latitudes septentrionales y frías del Océano Glaciar Ártico, y también a su regreso.

    Está bien documentada esta pesca de especies migratorias en el Mediterráneo, que debió existir antes del I milenio a C. Procedentes de aguas boreales, los atunes entraban por el Estrecho de Gibraltar, donde eran capturados por fenicios e íberos; seguían su migración y a la altura de la desembocadura del Ródano, los apresaban celtas y fóceos; atravesaban Liguria, acosados por etruscos, ligures y sículos; descendían la costa itálica hasta Sicilia para llegar a la Grecia, continental e insular, introduciéndose finalmente en el Mar Negro (Ponto Euximio), que parece poseía unas particulares condiciones que beneficiaban su reproducción y desove.

     En tiempos más recientes, en la Edad Moderna, su colocación se da en áreas más restringidas, en el Mediterráneo occidental: llegando únicamente los atunes a al litoral de Cerdeña, Sicilia, Túnez e islas Baleares.

     El calado de las almadrabas se producía en primavera, entre febrero y junio (migración gamética o germinal) cuando se colocaban las almadrabas de venida. Y las almadrabas de retorno se colocaban después, desde junio hasta octubre. Se calaban en puntos favorables de la costa, bien abrigados de los vientos y con un calado suficiente. Se buscaban oteros, colinas naturales de avistamiento, para rastrear su paso, o se levantaban torres, o simples palos, troncos de árbol, clavados en la costa, sobre los que se situaba un vigía.

     Se precisaba, en la antigüedad, la existencia de salinas próximas para conservar las capturas en salazón, ya así lograr mantenerlas por más tiempo, deshidratándose parcialmente, reforzándose su sabor y eliminando bacterias. También eran necesarios talleres alfareros próximos para fabricar ánforas para  su envasado y posible exportación. Esos asentamientos, estacionales o definitivos, constituían completas factorías, conocidas también como almadrabas.

    Merece la pena reproducir un texto antiguo de Claudio Eliano, de su Historia de los animales, que describe detalladamente el proceso de la pesca con almadraba en algunas ciudades ribereñas del Mar Negro (en los siglos VI y VII a C., incluso es probable que se diera antes del primer milenio a C.) y, por extensión, creemos, en todo el Mediterráneo. Describe la preparación y captura de atunes:

     Se situaba un vigía de la mayor agudeza que, basándose en la coloración del agua (tono entremar, azul morado, por el brillo de sus lomos) y en el oleaje espumoso provocado por sus aletas dorsales (repío), señalaba a los pescadores de qué parte venían los atunes, hacia dónde y cómo debían extender las redes lastradas con plomo y, con voces y señales acordadas, cómo ir cerrándolas para después acercarlas hacia la costa. Las barcas, previamente habían atado un cabo al tronco de abeto que sostiene al vigía, y enlazando las redes, remaban en fila, una detrás de otra, para ir soltando la larga red, de cientos de metros generalmente, se repartía también entre todas y cada una de ellas. Cercaban al banco de retraídos atunes así, se quedaban quietos al verse cercados, incapaces de escapar. Elevaban entonces los pescadores una plegaria a Poseidón, en su acepción de ahuyentador de males, para que entre las capturas no hubiese caído ni pez espada ni delfín, pues estos acometían las redes y las perforaban, escapando los atunes.

     La palabra almadraba aparece en el siglo XII, procede del árabe madraqua, significaba apalizamiento; lugar donde se golpea a los atunes, pensamos. Se denomina también a este arte de pesca moruna, lo que hace creer en un improbable origen árabe, o mamparra (aunque esta alude, más bien, a la luz colocada en un bote para tender las redes alrededor).

     Tipologías. Dejando aparte la más simple, consistente en sujetar una red entre dos barcas, únicamente. Podemos hablar de tres tipos o variedades de almadraba, que evolucionaron de lo más sencillo hacia lo más complejo:

– La almadraba de vista o de tiro: desde torres o puntos prominentes de la costa se avistaban los bancos de túnidos y unas barcas provistas de redes salían a su encuentro, soltando los diferentes tramos enlazados que cada una cargaba, intentaban rodearlos y apresarlos, después regresaban a tierra desde donde a fuerza de brazos o de animales de tiro se cobraban las redes tirando de sus dos extremos. Se parece mucho a la técnica de la jávaga, (he hablado de ella en el 1º jalón porque se practicaba en san Miguel de Cabo de Gata hasta no hace mucho) solo que esta se calaba por la noche, fijándola al fondo con plomos y en superficie con bollas. Y, por la mañana, se cobraba la red trayendo sus dos extremos a tierra donde toda la aldea participaba en el esfuerzo de sacarla a la playa y recibía, en compensación, su parte de las capturas.   

– La almadraba de monteleva, se colocaban tramos de redes perpendiculares a la costa, de unos 120 a 170 m., para frenar el avances de los bancos de atunes, fijada a un punto apropiado en la costa y anclada al fondo, termina en su extremo en una curva, una especie de caracol. Curiosamente al poco de comenzar esta ruta mediterránea mía, llevaba tan solo unos kilómetros, pase por el pueblecito de la Almadraba de Monteleva, después de San Miguel de cabo de Gata y antes de llegar al propio cabo. Ahora se el porqué de ese nombre y también el resalte rocoso, pasado el pueblo, que se debió utilizar para fijar la red.

– La almadraba de buche o de cop: se combinan redes fijas y móviles que dirigen a los atunes hacia una cámara interior en superficie. Esta compleja técnica debe adaptarse a las particularidades y accidentes del lugar, aunque es preciso que tenga un fondo arenoso y calado suficiente, sin accidentes exagerados, a favor de las corrientes marinas y con ausencia de vientos o de mareas fuertes.  

     El atún rojo o cimarrón (Thunnus thynnus) puede alcanzar los 2m de largo y los 500 Kg de peso, los pescadores noruegos le llaman atún de aleta azul, se han capturado ejemplares de hasta tres metros y medio y setecientos cincuenta kilos. Contrariamente a la generalidad de los peces es de sangre caliente lo que le permite regular su temperatura y, por tanto, realizar largas migraciones y sobrevivir en condiciones y ambientes muy diversos. Carece de vejiga natatoria por lo que ha de estar siempre en movimiento. Sus músculos y su carne son muy apreciados, sobre todo cuando se capturan saturados de grasa en las denominadas almadrabas de entrada. Su cuerpo es puro músculo, lo que le permite alcanzar velocidades de hasta sesenta kilómetros por hora, sólo superados por el delfín, el pez espada, el marlín, la orca y algunas ballenas.

    Desde muy antiguo han existido, posiblemente desde el segundo milenio a. C., diferentes pueblos navegantes del Mediterráneo que han sabido explotar los apreciados y abundantes recursos que proporcionaban las almadrabas. En la Edad Media y Moderna se subastaba su gestión. A finales del XVIII aún quedaban entre Tortosa y Cartagena ocho de ellas, aunque en Andalucía perduraron más. Actualmente subsisten, próximas al Estrecho de Gibraltar solo Barbate, Zahara de los Atunes y Conil. Y algunas en Sicilia. 

     Ha habido una disminución de capturas a partir de mitad del siglo XX debida a varios factores: sobreexplotación, sobrepesca de especies más pequeñas de las cuales se alimentan los túnidos, la contaminación marina y la llegada de técnicas de pesca más avanzadas y eficaces (seguimiento por helicópteros, equipos de localización por satélite, sensores y balizas de vigilancia, capturas con sedales de hasta 50 u 80m km. de largo con miles de anzuelos). Además la mayor parte de las capturas se hacen en mar abierto con sistemas de cerco en las costas atlánticas, por lo que pocos ejemplares llegan al Mediterráneo.

barcas de almadraba al abrigo de cabo Cope, en Calabardina

ALMADRABA EN LA ISLA DE TABARCA

Las primeras noticias escritas de una almadraba, propiedad del Duque de Lerma, situada en el cabo de Lugar Nuevo, originario nombre de Santa Pola proceden de finales de XVI. Las torres vigías existentes sobre el cabo, la de Les Escaletes y la de Atalayola, lo posibilitaban.

     En la isla de Tabarca no aparecen referencias hasta 1770, a pesar de sus buenas condiciones piscícolas, porque la intromisión de la piratería norteafricana y turca lo impedía. Es entonces cuando el asentamiento de pobladores y los acuartelamientos construidos hicieron posible calarla. Conocemos su ubicación: entre la propia isla y el islote de la Galera, sabemos que precisaba de más de cien anclas para fijarse al fondo y que se mataban de 500 a 600 atunes en cada campaña. Tenemos constatación escrita de su permanencia en el XIX y XX, sabemos que en 1920 existían 32 almadrabas en el conjunto de toda la costa mediterránea española.

     Solo se dejo de calar esta entre 1916-1919 por la 1ª Guerra Europea. Aunque se siguió pescando el atún con vara. Merece la pena detenerse en esa técnica, que resulta muy curiosa: se colocaban a principio de junio unas boyas grandes de corcho a unas tres millas de la costa, con unas ramas de pino atadas a siete u ocho metros de profundidad que le servían de abrigo al jurel. Un mes después se ataban esas ramas a la popa de las barcas, llevándolas a remolque, cuando las divisan los atunes e intentan atacarlos, los jureles se agrupan formando una pelota, era entonces cuando se capturaba con varas y aros a los jureles que se utilizan después para pescar el atún con anzuelo.

     La época de máximo esplendor de la almadraba de Tabarca fue a mediados de la década de los cuarenta, contaba la isla entonces con casi un centenar de embarcaciones pequeñas, de remo o de vela. Se fijaba la moruna al peñasco de La Nau. 1960 fue el último año que se puso, dando ya resultados muy pobres.