Excavados en la misma roca que golpea el oleaje o que inunda la marea, a pesar de la poca entidad que estas tienen en el Mediterráneo, aparecen frecuentemente a lo largo de la costa una serie de balsas o recipientes, generalmente rectangulares, comunicados entre sí por canales, que nos hacen preguntarnos por su utilidad. Algunas de ellas reciben el pomposo nombre de los baños de la Reina Mora. Constituye una leyenda popular atribuir ese topónimo de resonancias exóticas y románticas a lo que son simples piscifactorías para conservar vivas las capturas pesqueras o para su engorde, asegurando el consumo de pescado fresco durante días y semanas. También pueden formar parte de factorías donde se producían salazones, garum o liquamem.
De los romances medievales que favorecieron tal confusión, uno de los más populares era el del Baño de la Cava, hija del Conde don Julián, conde de Ceuta:
Lo sitúa en un meandro del río Tajo:
Junto a una fuente que vierte/ por seis caños de oro fino/ cristal y perlas sonoras, / entre espadañas y lirios, / fue la Cava la primera que desnudó sus vestidos.
Don Rodrigo, último rey visigodo, vio desde una colina que se bañaba con sus doncellas, enamorada la sedujo con falsas promesas. Su padre, el conde, se alió con los musulmanes para lavar la afrenta, lo que le supuso la pérdida del reino:
Ayer era rey de España / hoy no lo soy de una villa; / ayer villas y castillos, / hoy no tengo ni una almena/ que pueda decir que es mía.
Incluso los hay referidos a emplazamientos no costeros, por ejemplo en el valle del Ricote. Alude mi admirado José María Galiana, periodista jubilado del diario La Verdad, a la Pila de la Reina Mora, una bañera labrada en un bloque de piedra donde se aseaba la favorita del caudillo Aben Hud.
Se confunde su origen y su utilidad con los cazaderos de peces situados en la orilla del mar, también llamados corrales de pesca, naturales o construidos por el hombre, en los que, cuando baja la marea, quedan estancadas las capturas. Se dan estos mayormente en el Atlántico porque de la pleamar a la bajamar en el Mediterráneo no existe mucho desnivel, aunque en determinados puntos la configuración de planchas pétreas horizontales o la disposición de las rocas, levemente en rampa, puede favorecerlo.
A veces también la existencia de pequeñas canteras de extracción de piedra caliza o piedra tosca (como en Jávea) deja huecos cúbicos y balsas lo suficientemente amplias como para poder ser utilizadas para ello.
Como dice la profesora Gabriela Martín, en un trabajo de 1963, más que grandes factorías, como encontramos en el norte de África, también en terrenos arenosos, en Mauritania (incluso en la Bética), en la costa mediterránea aparecen en pequeños promontorios, para excavar la roca sin necesidad de construir muros ni diques.
Habla de las características de los depósitos de salazones, construidos a ras del suelo para que la tierra haga de contrafuerte y presente resistencia al paso del agua y del pescado, con ángulos redondeados mediante cuartos de circunferencia salientes, seguramente para poderlos limpiar con mayor facilidad a la par que servían de refuerzo a las paredes, carecían de desagüe, pero presentaban en el fondo una concavidad semiesférica destinada a recoger los restos del producto y facilitar también su limpieza, tenían paredes de mampostería recubiertas por una capa de mortero grueso y después una capa o dos más de mortero fino, alcanzando una total impermeabilidad. Se situaban en las proximidades de almadrabas, cerca de corrientes de agua dulce o desembocaduras de ríos, lagos, etc. y también junto, de salinas que posibiliten conservar las capturas, evidentemente.
Quedan huellas de balsitas y piscinas, conducciones, arquetas, compuertas, desagües, canales de entrada y salida de agua del mar con muescas para compuertas, pasarelas, depósitos, cisternas, estanques de diferentes tamaños. Todo ello excavado sobre roca y rematado, incluso, con muros de argamasa y mampostería, con revestimiento interior de cal, ladrillo rojo machacado o mortero gris, propio de los que ponían en grandes cisternas, aljibes, acueductos, etc. y con tierra apisonada en el piso. A veces se encuentran cerca huellas de anillas de hierro para el atraque de embarcaciones, rampas o muros indicadores de la existencia de un puerto.
De sur a norte, según ella, podemos encontrarlos en:
La isla de Tabarca, aparecieron restos romanos (cerámicas finales del siglo III d. C.) y extrañas construcciones talladas en la roca. No especifica en qué parte de la isla. En Santa Pola, aparecen balsas de piedra destruidas en la desembocadura del río Vinalopó. En el Tossal de Manises, Lucentum. En Campello, en la Isleta de les Banyels depósitos en roca bien visibles de 12×8 m, del siglo II-III d C. En Calpe, los llamados Baños de la Reina, excavados en el XVIII por el botánico Aº José Cavanilles, asociados a tres villas romanas, aparecen aljibes, termas, mosaicos, etc. En Jávea, en la Punta del Castell, cabo Fontana, cerámica similar a la anterior y tres depósitos excavados en la roca de 2×3,20, 1,60 x1,60 y 1,0,80 m. así como una necrópolis. Y muy cerca, en la Punta del Arenal, ella misma se encargó de la excavación del yacimiento que apareció en las obras para la construcción del Parador Nacional de Turismo. Se ha convertido en un pequeño embarcadero parte de la sequía o acequia de la Noria, un canal de drenaje de las antiguas salinas del Saladar y del río Corgós. En Denia están por descubrirse, cerca desembocadura río Girona o Alvergel, en la Punta de la Almadraba unas instalaciones del siglo I–III d. C. que lo atestigüen. Y, finalmente, en Cullera, da cuenta, cerca del faro, en la desembocadura del Júcar, de la existencia de un establecimiento romano del IV. También cita Benicàssim, pero sin especificar la ubicación concreta.
En la Marina de Alicante y comarcas contiguas de tierra adentro, todavía se consume gran cantidad de salazón y pescado seco, principalmente la variedad de atún en salmuera bajo en nombre de «tonyina de sorra», de escaso consumo en el interior de la Península. También la anchoa de barril y un tipo de pescado blanco de bajo precio, secado al aire llamado «capellanet» (capellán o bacalailla).
Por mi parte, consultando estudios más actualizados y, a partir de mi propia experiencia sobre el terreno, voy elaborando sobre la marcha una lista de lugares que tengo observados donde se dan tales circunstancias, pues aparecen vestigios de construcciones costeras que delatan el uso continuado de estos emplazamientos favorables. De sur a norte, esta lista sería:
LOS ESCULLOS, entre San José y la Isleta del Moro, en Almería, al lado del fortín mismo. Aunque muy erosionados y poco profundos, conectados con canalizaciones, aparecen unas balsitas rectangulares de muy poco calado sobre el roquedo trasero a la fortificación que debió tener algún uso para contener líquido o recogerlo, agua de lluvia quizá, porque no resultan lo suficientemente profundos para utilizarse como viveros de pescado.
TORRE DE LA HORADADA, a los pies de la torre, en el lado norte. Estos si reciben ese nombre, aprovechan la configuración rocosa de un buen tramo de costa. Tienen bastante entidad, tanto en profundidad actual, como de un palmo aproximadamente, como en extensión. Hay comunicación de canalizaciones entre ellos.
CABO DE LAS HUERTAS, muy cerca de Lucentum, del Tosal de Manises, al norte de la ciudad de Alicante. Tengo observados restos de un puerto (aparece en el mismo cabo, nada más doblarlo), una rampa excavada de medio metro de profundidad aproximadamente que se adentra en el mar. Estudios recientes hablan de una estación náutica antigua, pero la sitúan más cerca del poblado. Aparecen también piscinas.
CAMPELLO, en la Illeta de les Banyeres, yacimiento arqueológico muy antiguo, como ya hemos comentado. Reciben también el apelativo de baños y existe la leyenda de que una reina mora, oculta de miradas indiscretas, bajaba a refrescarse en ellos.
CALPE, en la playa Arena-Bol, antes de llegar al peñón de Ifach, una leyenda habla de la existencia de túneles subterráneos que, desde los baños, que se pueden apreciar perfectamente al lado de la rompiente, alcanzarían un misterioso palacio, y permitirían acercarse sin ser detectadas princesas y sultanas.
Aquí se dio la extracción de sillares antes incluso de cualquier construcción. Hay documentada la existencia de un vicus romano, del que restan todavía balsas, depósitos, compartimentos conectados por canales para entrada y salida de agua, tajamar triangular, muescas para verjas o tablones de cierre y otros restos.
JAVEA, en la playa del Arenal, delante del pasado el Parador de Turismo, en la llamada Cala del Ministro se hallaron importantes restos de una factoría pesquera romana. Doy cumplida cuenta en un artículo específico, colocado en el jalón 24º -LA CALA DEL MINISTRO- donde se explica el apropiamiento por parte de un jerarca franquista de ese interesante trozo de costa.
Pasado este, hacia el norte, encontramos abundantes y extensos huecos que revelan la existencia de canteras muy antiguas de piedra tosca, amarillenta, fácil de extraer por su blandura y muy sólida, que revela el empleo de ella en las construcciones de los alrededores. También existieron canteras en Cova Tallada, solo tiene acceso por mar, junto al cabo de san Antonio.