En la España franquista, tras los duros años de autarquía, se hizo frecuente a finales de los 50 y principios de los 60, dar concesiones de dominios públicos a particulares o empresas afines para fomentar el desarrollo turístico de determinadas zonas.
La Cala del Ministro, del Primer Muntayar o del Benissero, debe su nombre al de Hacienda (de febrero de 1957 a julio de 1965), Mariano Navarro Rubio, que recibió ese terreno situado en el privilegiado enclave de la playa del Arenal de Jabea, en 1959. Así como otros que recibieron parcelas cercanas a precio de coste y que perdieron en los 80 por decisión del Tribunal Supremo que declaró nulas las ventas, al considerar que los terrenos de dominio marítimo-terrestre son inalienables (todos menos la familia de Mariano Navarro Rubio).
Pagó la suma de diez mil pesetas al Ayuntamiento de Xàbia por el terreno de la Punta del Arenal (serían unos 2000 euros hoy, aproximadamente, teniendo en cuenta que por aquel entonces, entre 1955 y 1960, el salario medio de un trabajador era de 9.600 a 17.280 pesetas). Todo gracias a la Ley Chapaprieta de 1935, una ley que debe su nombre a Joaquín Chapaprieta y Torregrosa, un ministro de Hacienda de la II República (fundador del partido Derecha Republicana y apoyado por el CEDA), que daba a los consistorios de cada localidad la titularidad del litoral pudiendo hacer con él lo que les viniera en gana: adjudicaciones, concesiones y otras titularidades para personas influyentes, pujadores o simplemente amigos y allegados.
La familia intentó conservar el yacimiento arqueológico existente, del que dicen todavía no se tenía conocimiento en 1959 (aunque el propio Navarro reconocía: «Elegimos la parcela no por razones urbanísticas, sino preferentemente por la afición arqueológica de mi mujer, María Dolores Serres Sena»), habiendo constancia de restos encontrados desde 1912 y los años 30, como aparece en el libro “La factoría pesquera de la Punta de l´Arenal y otros restos romanos de Jávea” obra –¡qué casualidad!- de María Dolores Serres (esposa de Navarro) y la profesora Gabriela Martín.
En la actualidad no se conservan casi vestigios, quedando las balsas excavadas en las rocas y destruyéndose el yacimiento casi por completo por la construcción del chalet. Se dice que en el sótano de la Finca San Rafael (que es así como se llama la casa en cuestión) restan unas cisternas romanas que fueron vaciadas y cubiertas con un techo, una especie de museo privado dentro de la finca de la familia que muy pocos han visitado.
Fue al comienzo de las obras, año 1963, cuando Franco visitó Jabea con el Azor, cuando se descubrieron los restos romanos, según da cuenta la arqueóloga Gabriela Martín, que se encargó de excavar lo que suponía que era una factoría de salazones desde el siglo I a. C. hasta mediados del III d.C.-ya hemos ofrecido datos de sus trabajos pioneros en el litoral valenciano con anterioridad.

” . . . El verdadero carácter de las construcciones de la Punta de l’Arenal pudo identificarse en 1963, al realizarse las obras de identificación de una casa de recreo y cuyos propietarios pusieron en conocimiento de las autoridades arqueológicas regionales los hallazgos que se iban realizando al abrirse los cimientos… Cuando nosotros nos hicimos cargo del yacimiento y recabamos la oportuna autorización de la Dirección General de Bellas Artes para realizar unos sondeos, ya habían sido vaciados varios de los depósitos para la salazón y una gran cisterna que proporcionó un lote espectacular de materiales entre los que se encuentran un buen número de basas y capiteles, dos de estos últimos de estilo jónico de fina ejecución (esto fue debido a que la esposa de Navarro, María Dolores Serres, poseía conocimientos de historia) … practicamos dos sondeos en dos diferentes puntos, que junto con una limpieza general de la zona, medición y fotografía de los distintos depósitos y levantamiento de un plano, nos permitió después de estudiados los materiales obtenidos, llegar a unas conclusiones bastante precisas . . .”.

“ . . . Una de las construcciones más interesantes es sin duda la existencia de un gran depósito o estanque tallado en la roca y comunicado con el mar llamado popularmente “Baños de la Reina”, seguramente por la tradición local de atribuir a los moros cualquier traza de restos antiguos. Suponemos que su destino era servir de vivero para la manutención de peces vivos. Este tipo de instalación se repite en otras factorías de la Marina y precisamente con el mismo nombre de Baños de la Reina. . .”.
El estado actual del chalet es el de una construcción totalmente abandonada, apuntalada hace apenas unos días, y en franco abandono.
La ley de Costas de 1988 corregiría la concesión subsiguiente a 30 años (de 1982 a 2012), pero concedía una amnistía de 75 años, a este chalet y a otras construcciones que la vulneraban, por parte del gobierno del Partido Popular, presidido Mariano Rajoy, permitiendo que siga en terreno de dominio público.

Imagen de leavethepebbles.files.wordpress.com
Por cierto, en el Parador también se encontraron restos arqueológicos. La legalización de esa obra fue dada en el año 1982, casi 20 años después de levantarse, por el gobierno que presidía Calvo Sotelo.
Nos dice la página web de Valencia Bonita, en facebook, de julio de 2019, de donde he extraído algunos datos, que la playa de la Cala del Ministro: “…no cuenta con ningún servicio, no hay vigilancia marítima, ni pasarelas de madera ni hamacas y sombrillas. Tampoco dispone de bares, restaurantes, tiendas, chiringuitos y nada moderno, pero tiene algo que ningún otro lugar del entorno tiene: un yacimiento romano convertido en piscina natural con aguas cristalinas. ¿Acaso eso no es más que especial?”, y se queda tan pancha.
No, yo preferiría que se pudiera ver ese importante yacimiento arqueológico al aire libre, abierto a la contemplación de todos, con los paneles explicativos pertinentes que pusieran en valor su gran relevancia histórica. Y el chalet ilegal demolido, desaparecido. Si, seguramente muchos lo preferiríamos.