CONTAMINACIÓN DEL MAR MENOR

Tenemos la mayor laguna salada de Europa, con una superficie de 170 kilómetros cuadrados y 73 km de costa perimetral, en su mayoría urbanizados -salvo algunos huecos que a duras penas se mantienen como antaño, hablo de ellos en la crónica del jalón 14. Sería interesante conocer el dato, aunque no lo he encontrado, de la población estimada que en verano vierte sus desechos a ella. Aunque lo que parece que resulta mucho más dañino para el ecosistema marino son los vertidos agrícolas del amplio Campo de Cartagena. Una extensa cuenca, antaño de secano cerealícola, hoy un vergel de hortalizas y frutales, que se extiende por el sur desde la sierra del Algarrobo, entre Mazarrón y Cartagena, paralela al Canal del Taibilla; al este la sierra de Carrascoy, la de la Cresta del Gallo y Los Villares, junto a la capital, delimitan la conocida como Huerta Murciana; y al norte el límite del cauce del río Segura. Un área de cerca de 1.500 kilómetros de en total.

Multitud de canales y acequias la surcan para distribuir el agua, miles de pozos, decenas de miles, la horadan para extraerla y algunas ramblas la recorren. Entre ellas la más importante y caudalosa es la Rambla del Albujón, con un aporte a la laguna de 347 l/seg. y 5.000 kg de fertilizantes diarios.

Aunque el Mar Menor desde hace unos mil años ha tenido una configuración muy similar a la actual, no siempre se ha visto así, la morfología, extensión, profundidad y sus características han ido modificándose a lo largo de los siglos y, para nuestra desgracia, lo siguen haciendo.

Fluctuaciones del nivel del mar durante el cuaternario, desecación durante el Eneolítico y elevación posterior, con un nivel superior a la actual, durante las colonizaciones fenicia, griega y romana, como demuestran los restos de puertos comerciales elevados, en parajes con cierta altitud, en Lo Pagán e islas Mayores. Mas recientemente descenso progresivo del nivel durante la dominación musulmana, VIII-XIII.

En la historia reciente las actividades mineras, la utilización de lagunas marginales como salinas, el intenso pastoreo, las deforestaciones y roturaciones sufridas, en especial durante los siglos XVI y XVII, han incrementado las tasas de sedimentación y colmatado. Recordemos -se ha comentado en también en el jalón            – que igualmente esa actividad extractiva en las sierras de Portman y La Unión, desde época fenicia, con los consiguientes vertidos de desechos del lavado de mineral a través de las ramblas (detenidos en la década de los 50 por presión popular) colmataron la bahía de Portmán, adelantando la línea de costa más de un kilómetro. En el Mar Menor ha producido una colmatación natural y una perdida de superficie y profundidad en la laguna.

Súmese a todo ello la colonización turística, los terrenos ganados al mar con aportaciones de arenas para playas, viales o construcción de edificios, diques de contención, la carrtera a la isla del Ciervo a partir de una tombolización natural existente… y el resultado es el que tenemos.

Parte de la lengua de tierra conocida como La Manga pertenecía casi en su totalidad a la familia de Tomás Maestre, abogado, que completó la compra completa adquiriendo parte que poseían empresas mineras. Sus contactos con el régimen franquista posibilitaron que, junto al arquitecto catalán Antonio Bonet, discípulo de Le Corbusier, transformaran aquel erial desértico lleno de dunas en zona turística de lujo, intercalando pequeños núcleos urbanos con zonas verdes. Pero pronto la idea inicial se desvirtuó de una manera desmesurada.

Existe una entrada natural al norte, la Encañizada, y hubo otra en tiempos, la de Marchamalo, al sur, actualmente sellada. En 1974-75 se creó un puerto deportivo y se amplió la gola del Estacio, en la zona media de La Manga, convirtiéndola en un canal navegable para hacer posible la entrada por ella de embarcaciones mayores que las habituales barquitas de pesca. Eso acarreó la mediterraneización de la laguna como acertadamente señala Pérez Ruzafa. Cambió su salinidad, entraron nuevas especies de peces y la perniciosa alga caulerpa prolifera, que se asienta en los fondos. Proliferaron desmesuradamente con los nitratos.

El modelo productivo agrario del Campo de Cartagena cambió en 1979 con el Trasvase Tajo-Segura, pasando de un secano de almendros y cereal a una superproductiva huerta. Se multiplicó por diez la superficie cultivada, de las 120.000 Ha en producción se ponen en regadío 70.000. En los años 80 el equilibrio quedó definitivamente alterado, baja la producción de peces, existen menos especies rentables.

La Confederación Hidrográfica del Segura, que regula el trasvase, permitió en su momento las explotaciones ilegales, origen de la superabundancia de pozos piratas, escondidos y camuflados casi siempre.

Desde 1994 se viene produciendo un proceso de Eutrofización y Anoxia, o lo que es lo mismo, una ausencia de oxígeno por el crecimiento desmesurado de nitratos y fosfatos (se calcula que unas 300.000 toneladas que se han acumulado desde entonces) procedentes de los abonos que fertilizan hasta el ¡¡tres cosechas anuales!! en el Campo del Cartagena. Todo ello favorece el crecimiento desaforado de fitoplancton, que al pudrirse consume todo el oxígeno del agua y crea la llamada sopa verde, que impide que llegue la luz al fondo marino y pueda realizarse la fotosíntesis y, por tanto, que se regenere el oxígeno, asfixiando toda vida acuática vegetal o animal. Esa capa inferior sube a la superficie, unas 20.000 T de materia orgánica en descomposición que hace que peces y algas emerjan.

Súmese a ello, además, la sobreexplotación de aguas subterráneas, los pozos ilegales, escondidos en zulos subterráneos a veces, que extraen el agua y la potabilizan para el riego. Esa agua es salobre y las desaladoras extraen el exceso de salmuera que después se vierten a los pozos o directamente a las ramblas, penetrando en el Mar Menor volviendo. Debería regarse únicamente con los aportes del trasvase del Taibilla y de las tres desaladoras legales existentes.

Para más inri tenemos las aguas negras residuales. El alcantarillado y las depuradoras colapsan durante las tormentas y mezclan esos contenidos con la lluvia siendo arrastradas hasta la laguna.

Todo ello llevó en 2014 a constituir por parte de plataformas ciudadanas el Pacto por el Mar Menor, en defensa de su salubridad dada la alta tasa de contaminación que registraba. En 2016 se da el primer aviso de la explosión de fitoplancton, aparece la pasta verde, desaparece el 85% de la vegetación de la laguna, las praderas de posidonias (valiosas plantas que regeneran y oxigenan el agua). Se elabora la Ley de Protección Integral. La Operación Topillo de la Guardia Civil en 2017 intentó desmantelarlos. Se calcula que se regaban más de 11.000 Ha sin permiso. Se ponen en marcha mapas de infractores por teledatación y algunas medidas correctoras por parte de las administraciones.                     

El clímax en este proceso de degradación se produce en octubre-noviembre de 2019, aparecen en las orillas 3 toneladas de peces muertos por asfixia. Las imágenes de semejante mortandad aparecen en todos los noticiarios y en los periódicos. 55.000 personas se manifiestan en Cartagena.

Así se ha llegado a una situación catastrófica recientemente, en 2021 aparecieron 15 toneladas de peces muertos o moribundos sembrando las playas turísticas de Los Alcázares, san Javier, Lo Pagán, etc. Salían, saltaban del agua a la arena por falta de oxígeno (absorbido en su totalidad por la sopa verde), que filtrar por sus agallas, literalmente asfixiados. Quedaron parados definitivamente los 54 barcos pesqueros de Lo Pagán y San Pedro Pinatar.

                 Otras causas que incrementan la catástrofe:

-Malas prácticas en la gestión agrícola del agua, en los riegos.

-Desidia administrativa a la hora de tomar medidas en su momento, conflicto entre administraciones, colisión de intereses regionales y estatales. Como ocurre en el ámbito urbanístico, en la calificación o recalificación del suelo y la consiguiente ocupación del mismo, esto propicia una ecuación en la que siempre sale perdiendo el interés general en favor del beneficio privado de empresarios con pocos escrúpulos y corporaciones municipales demasiado laxas -como se comentará más adelante en otros puntos del litoral en un artículo llamado LA ESPAÑA FEA.

-Urbanismo desaforado, incapaz de regenerar sus propios residuos. Falta de depuradoras.

-Hay que considerar que unos 200.000 turistas estivales incrementan la población estacionaria mucho y en muchos casos no existe una adecuada depuración de las aguas residuales, que van a desembocar directamente a la laguna.

-Vertidos mineros desde hace siglos, aportación de algunos metales pesados.

–Golas atascadas, colmatadas, con la consiguiente dificultad para regenerar el agua del Mar Menor con la del Mediterráneo.

— Danas y gotas frías frecuentes, aportan un exceso de agua.  Con el calentamiento global y, por ende, del mar, la subida de su temperatura es mayor en esta laguna interior casi cerrada.

                      Algunas posibles soluciones a tener en cuenta:

–Acabar con regadíos ilegales, y prohibir abonos nitrogenados cerca de la laguna. Limitar y controlar el uso de fertilizantes.

— Colocación de sensores que ajustan la cantidad de agua de riego a las necesidades de la planta, cultivos más inteligentes. Favorecer las mejoras genéticas en ellas que incrementen la producción, reduciendo sus necesidades alimenticias y les hagan adaptarse mejor a las sequías.

-Filtros verdes, creación de humedales que favorezcan los procesos naturales.

-Plantación de setos en lugares estratégicos que hagan de barrera durante las lluvias.

-Recuperar las ramblas ocupadas por cultivos, cegadas.

-Construir otras infraestructuras que ayuden a filtrar las aguas.