Algunos autores se refieren a comienzos del Imperio romano en Hispania a una entidad llamada Contestania, a medio camino entre lo étnico y lo geográfico, que ocupaba parte del sureste de la Península Ibérica. Como otras similares (Edetania, Bastetania, etc), refleja estructuras sociales diferentes y anteriores a las romanas. La primera cita corresponde a Tito Livio, dice que en el año 76 a.C. Sertorio trató de alejar a Pompeyo de llercavonia y de Contestania.

Según Enrique Llobregat, 1972, la cultura contestana se puede definir, tanto desde el punto de vista de su cultura material (escultura, cerámica pintada, escritura) como de su extensión geográfica. Sus límites serían el Júcar por el norte, el Segura por el sur y los valles del Cañoles y Vinalopó y las sierras de Crevillente, Callosa y Orihuela por el oeste. Una reinterpretación de las fuentes, y un mejor conocimiento de la arqueología han llevado a Lorenzo Abad a proponer una ampliación.
Estrabón dice en dos ocasiones a que el límite entre Bastetania y Edetania se encuentra en Karchedón Nea, la actual Cartagena. Para Plinio, que fue procurator de la Hispania Citerior en el año 73, Carthago Nova estaba incluida en la Contestania o al menos lindaba con ella. Contestanas eran también Ilici, Lucentum, Dianium, y contestanos los ríos Tader (Segura) y Sucro (Júcar). Este último le sirvió para marcar la frontera con los edetanos.
Ptolomeo ubica a los contestanos en la orilla del mar, limitan por el interior con los bastetanos. Contestanos son Lucentum, Carthago Nova, el promontorio Escombrario, las desembocaduras de los ríos Tader y Setabis, la ciudad de Alona, el puerto Ilicitanus y la desembocadura del río Sucro. Entre sus ciudades, Mellaria, Valentia, Setabi, Setabicula, llici, laspis y Carthago Nova. Las listas presentan errores, pues adscribe Dianium a los edetanos, Valentia a los contestanos y ubica Lucentum al sur de Carthago Nova. La extensión de su Contestania es similar a la de Plinio.
Ptolomeo considera bastetanas las ciudades de Asso (Caravaca de la Cruz), Ilunum (Tolmo de Minateda) y Saltigi (Chinchilla), y contestanas Ilici (Elche), Portus Ilicitanus (Santa Pola) Aspis (Castillo del Río, Aspe). En el espacio intermedio debía encontrarse el límite entre Contestania y Bastetania, sin que sea posible precisarlo, pero no correspondería a la línea Vinalopó-Segura, porque Plinio no se refiere a ella como frontera y porque la cultura material contestana la desborda.
Si nos centramos en la presencia griega en nuestras costas, según los textos clásicos, habían existido colonias y pequeños enclaves griegos, algunos de cuyos nombres (Emporion, Rhode, Mainake, Hemeroskopeion, Alonis) citaban de manera expresa. Quedaba una quinta, sin nombre, a la que pronto se le asignó uno extraído de las fuentes: Akra Leuke. Realmente sólo existía constancia arqueológica de una de estas colonias: Emporion, que se había comenzado a excavar a principios del siglo XX. Rhode, situada en Rosas, al norte de Ampurias, no tenía esa fuerza, y Mainake parecía un bluf que se esfumaba. Más dudosas eran las otras. La arqueología no terminaba de confirmar que Akra Leuke estuviera en Alicante y Hemeroskopeion en Denia. Alonis, se la disputaban casi todos los lugares costeros, (Santa Pola y Los Nietos parecían contar con más posibilidades). Hoy sabemos, por el hallazgo reciente de las termas en el centro del pueblo, que corresponde a Villajoyosa.
El libro de Antonio García y Bellido Hispania Graeca, publicado en 1948, marcó el inicio de los estudios modernos sobre la colonización griega en España. Era ante todo un trabajo sobre fuentes y materiales griegos, con poca interacción con el mundo indígena.
Miquel Tarradell enfocó el problema de las colonias griegas en el sur del litoral mediterráneo ibérico desde una óptica puramente arqueológica, eludiendo la férrea dependencia de las fuentes. Su discípula Gabriela Martín estudió los vestigios arqueológicos del entorno de Denia y Jávea, llegando a la conclusión de que no existía nada que fundamentara su identificación con la supuesta colonia griega de Hemeroskopeion. Cuestión que trato más adelante en otro artículo, adjunto al jalón 25º, que recoge la teoría reciente de Fernández Nieto, y en esencia dice que, más que un enclave concreto, Hemeroskopeion se refiere a una atalaya, dedicada –y eso es lo novedoso– a la vigilancia del paso de atunes, para optimizar su captura y posterior explotación. Estaríamos ante una atalaya indígena, quizás semita después, con mezcla de griegos, o ante un establecimiento estacional griego. Serían especialistas de Massalia, que dirigirían una empresa mixta con indígenas o púnicos, bajo la advocación de Ártemis Efesia (Dianium o Artemisium), diosa vinculada a la pesca. En torno a la factoría se desarrollaría un caserío de gentes mezcladas, aunque no pueda hablarse de una colonia como tal, a la manera de Ampurias.
Un modelo de este tipo es el que debió existir a lo largo del litoral, y por eso los intentos de identificar los establecimientos massaliotas, griegos procedentes de Marsella, con ciudades como tales han dado resultado negativo.
Se inicia así, con estas aportaciones, un proceso de ‘desgrequización’ de la arqueología valenciana, comienzan a identificarse como fenicios materiales importados en establecimientos indígenas. El modelo del suroeste de Andalucía, donde las excavaciones habían comenzado a sacar a la luz yacimientos y necrópolis puramente fenicias, comenzaba a tenerse en cuenta aquí. Aparecen cerámicas locales con grafitos fenicios. El proceso de interacción se estaba produciendo, no entre griegos e indígenas, sino entre indígenas y fenicios.
El papel de los fenicios había aumentado de forma considerable. Se suponía que procedían del suroeste, de Ibiza, o del norte de África, aunque también se llamó la atención acerca de la similitud entre el delta del Guadalquivir y la Vega Baja del Segura. El descubrimiento de La Fontentea, enterrado bajo las dunas de Guardamar, reveló un establecimiento fenicio con una importante presencia indígena. Ese elemento fenicio desempeñó un papel principal, orientando de algún modo la transformación cultural de las poblaciones autóctonas de la Edad del Bronce, que desembocará a lo largo del siglo VI en la cultura ibérica.
En este proceso inicial la influencia griega parece escasa, aunque la cultura ibérica asumirá formas y elementos del ámbito común mediterráneo. En algunos aspectos, la relación con lo griego parece evidente, como ocurre en las ideas y las formas de representación de las élites a través de la escultura, en la escritura greco-ibérica y en la incorporación de muchos aspectos del imaginario griego. Es sin duda una relación compleja, materializada en el establecimiento de circuitos y actividades comunes, que tienen sus puntos fuertes en la Ampurias griega, la Cádiz púnica y la Ibiza cartaginesa.
En medio de ese triángulo se encuentran las tierras que se conocerán como Contestania: parte de lo que hoy es la provincia de Valencia, toda la de Alicante y parte de las de Murcia y de Albacete. Donde se irá tejiendo una red de relaciones que superan el origen étnico de los comerciantes y manejan mercancías de muy diversa procedencia. Buena parte de este tráfico es marítimo, en los últimos años han aparecido pecios que lo confirman, y se articulaba a partir de una red de puertos que hacían las veces de centros de almacenamiento y distribución de productos de primera necesidad, alimentos y objetos suntuarios.
Es posible que uno de estos lugares se haya identificado en La Albufereta de Alicante, vinculado al poblado del Tossal de Les Basses, que inicia su vida a finales del siglo VI o principios del V. Al borde mismo de La Albufereta se han excavado instalaciones artesanales y portuarias destinadas al comercio, que perduraría en época romana y que testimonian los pecios de este momento localizados en el mar.
Estos comerciantes controlarían, a distancia y sobre el lugar, un tráfico comercial complejo, centrado en puertos principales de los que partiría otro secundario, por vía marítima y terrestre y allí donde fuera posible también fluvial, ya que el tráfico marítimo siempre resulta más económico que el que se desarrolla por tierra. Sabemos poco de estos lugares, aunque la presencia de materiales foráneos en poblados próximos al mar hace pensar que en ellos o en sus inmediaciones existieron pequeños enclaves, lugares en los que los barcos podían varar y comerciar, emporios.
Emporion por antonomasia fue Ampurias, lo lleva en su nombre. Pero emporia son establecimientos vinculados a una polis griega y sometidos a un poder indígena, que los griegos utilizaron como base para sus actividades comerciales. Uno de ellos podría haber estado en la Illeta de les Banyets, del Campello, por su ubicación destacada en un promontorio costero, con fácil acceso por mar y por tierra, superficie reducida pero suficiente para que se asiente un pequeño grupo humano; por los edificios de almacén, de culto y señoriales hallados; por los lagares para la producción de vino y las instalaciones para la salazón del pescado; por el elevado número de vasos importados de origen griego, desde mediados del siglo V.