
La cueva de les Cendres (las cenizas, en castellano) se abre en los cortados de la Punta de Moraira (Teulada, La Marina Alta, Alicante). La cavidad está formada en un nivel kárstico que se desarrolla en el tramo de acantilados marinos formados entre el Cabo de la Nau y la Punta de Moraira. Hoy en día está situada en la misma línea de la costa, a 60 metros sobre el nivel del mar, pero no siempre fue así, de ahí la importancia de su estudio para entender la invasión y regresión marina. La ilustración muestra una recreación de cómo pudo encontrarse en fechas pretéritas.
La cavidad es amplia, consta de dos partes bien diferenciadas, una exterior, a modo de gran abrigo, y una interior, con muy poca iluminación y de unos 600 m2 de superficie.
Como yacimiento arqueológico fue descubierto en 1913 por el abate Breuil, uno de los padres de la Prehistoria europea, quien visitó la cavidad y recogió diversos materiales neolíticos. En 1974 y 1975 se realizaran dos campañas de excavación bajo la dirección de E. Llobregat, que mostraron que bajo una larga secuencia neolítica también existían niveles paleolíticos. Posteriormente, se realizó una excavación de urgencia que permitió definir la secuencia postpaleolítica (desde el Neolítico antiguo hasta la Edad del Bronce) y la presencia de niveles Magdalenienses. A partir de 1981, se vienen realizando excavaciones anuales; algún verano he tenido ocasión de observarlas. Han permitido desenterrar una larga secuencia que arranca en el Gravetiense, sin que los trabajos actuales hayan llegado todavía a la base del depósito.
Esta larga secuencia que los datos actuales inician hace 25850 años, es una de las más completas de la Prehistoria peninsular. Existen potentes niveles del Gravetiense entre el 25850 y el 21230, del Solutrense y del Magdaleniense. Por encima se encuentra la secuencia neolítica, que cubre todo el lapso temporal desde hace 6510 años hasta 4700. Existe también posterior ocupación Campaniforme (entre 4280-2468) y de la Edad del Bronce, incluso algunos restos del mundo Ibérico.
Los cambios climáticos acaecidos durante el final del Pleistoceno superior y el Holoceno afectaron de forma importante las ocupaciones humanas de la cavidad, produjeron variaciones drásticas en territorio, la fauna y la habitabilidad de la cueva. El momento más antiguo de ocupación documentado en Cendres nos remite a un paisaje del Paleolítico superior con la presencia de ciervos, cabras, caballos o uros entre los herbívoros, pero también carnívoros como el lince o el lobo. La vegetación principal estaría compuesta por pino salgareño (Pinus nigra), enebros, fabáceas y algunos Quercus, vegetación mediterránea de tipo frío. La presencia de suaves colinas delante ha sido demostrada mediante estudios batimétricos, lo que conformaría un entorno óptimo para ellos, así como las zonas encharcadas que parece que existieron en esta llanura.

Durante buena parte del Paleolítico el nivel del mar retrocedió de forma importante, llegando hasta 120 m más abajo del actual, hacia 21000-18000 BP (antes del presente). Esto configuraba una línea costera en la Marina Alta sensiblemente diferente a la actual, con un corredor litoral que llegó a tener 15 km de anchura máxima (hubiese sigo un placer entonces transitar a pie esos tramos, en vez del sube y baja de acantilados y desniveles que he de acometer) salpicada de suaves colinas y marismas en las que pastaban y cazaban las especies animales enumeradas. Muchas cuevas que son litorales o incluso sub-acuáticas actualmente, en determinados momentos del paleolítico serían prelitorales o del interior. Éste sería el caso de la cueva de les Cendres en sus niveles gravetienses, solutrenses y magdalenienses, o de la cercana cueva del Moro (Benitatxell).
Con el fin de la glaciación y la llegada del Holoceno, las poblaciones neolíticas utilizan la cavidad como parte de una red de pastoreo estacional, usándola como hábitat en los primeros momentos pero pasando a ser un redil rápidamente. El paisaje, vinculado con un clima cálido y húmedo, pasará a estar dominado por bosques de Quercus caducifolios y perennifolios que las poblaciones neolíticas explotarán para sus cultivos y para el pastoreo. En la Edad del Bronce la cavidad pasará a tener un uso funerario, realizándose diversos enterramientos, y finalmente, en época Ibérica será frecuentada esporádicamente por las gentes que habitan en el poblado situado en lo alto de la Punta de Moraira, cerca de la torre.
La comarca de la Marina Alta es uno de los territorios peninsulares con una mayor densidad de yacimientos prehistóricos en cueva: la cova de les Cendres, podemos destacar la cova de Santa Maira (Magdaleniense-Mesolítico) y la cova Ampla del Montgó (Neolítico antiguo) como yacimientos arqueológicos y la cova Fosca y el Pla de Petracos como lugares con arte rupestre. Podemos destacar también la cova Bolumini, cova de les Calaveres, cova del Moro, cova del Comte, cova del Randero o la cova del Somo.
Otras cavidades ya se encontrarían en la línea de la costa o muy cerca de ella en el momento de sus ocupaciones. Este sería el caso de la cueva de los Coloms (Calp: Ibérico), cueva de les Rates (Moraira: Neolítico, Bronce e Ibérico) o la cova Foradada (Xàbia: en sus niveles Epipaleolítico y Neolítico). Otras cavidades sumergidas o semi-sumergidas hoy en día, como la cueva Tallada (Xàbia), es posible que en los momentos previos a la transgresión marina también estuviesen ocupadas por los humanos, aunque esta subida del mar haya destruido los vestigios que en ellas pudiera haber. A este respecto merece la pena destacar que en el tramo entre la punta de Moraira y el Cap de la Nau existen al menos 14 cavidades a nivel del mar.

(Basado en estudios de Didac Román y Valentí Villaverde)