
Aparecido recientemente, octubre de 2023, en Seix Barral el libro de Gabi Martínez se nos presenta como un ensayo novelado o una novela con ensayo, más lo segundo que lo primero, desgraciadamente. Combinando técnicas y elementos literarios diferentes, tales como información científica, reportajes, historia, pasajes poéticos, conversaciones con sus habitantes, sucesos, crónica social, etc., intenta ofrecernos una foto fija de la vida cotidiana de los pobladores de este particular enclave, tanto del Parque Natural protegido como de las huertas y poblados existentes fuera de él. Permanece alrededor de un año en un retiro en una solitaria estancia, la finca particular La Patera, sita en la isla de Buda, que forma la punta del delta del Ebro, el extremo de un ancla imaginaria.
Esa flecha que sobresale de un litoral rectilíneo, que siempre me ha parecido el delta, supone una imponente excrecencia de tierra adentrándose 22 km. en el mar. Se formó a lo largo de seis milenios de sedimentación del arrastre de tierras, limos y despojos procedentes de la cordillera Cantábrica, Pirineos y el sistema Ibérico, transportados por el río más largo y caudaloso del país, que se alarga más allá de los 900 km. de un cauce sin obstáculos apreciables.
Se precisan 135 presas para regularlo, es el más intervenido de Europa. La producción hidroeléctrica masiva generada a partir de los años cuarenta del pasado siglo, modificó el sistema de aportes sólidos al delta, que consolidaba diez metros anuales de territorio nuevo en un estuario que abarcaba 320 km cuadrados, una región en sí mismo, comenzando a retroceder el litoral a ojos vista, en las playas de Riumar y el Serrallo ha supuesto una pérdida de 300m.
El faro de la punta del Garxal que se levantó en 1864 con hierro de Birmingham por obreros ingleses -dice después que su primer encendido fue septiembre de 1860 ¿?- era, en su momento, el faro metálico más alto del mundo con 51´1 m altura. Su linterna octogonal le permitía alcanzar las 20 millas, se encontraba tierra adentro, desde su base no se veía el mar. Sería engullido posteriormente y sustituido en su función por el faro del cabo de Tortosa que, a su vez, también sucumbiría al retroceso, hoy se encuentra a algo más de 3 km mar adentro.
El libro aporta datos interesantes sobre especies invasores como el caracol manzana, así llamado por su tamaño, escapó de un acuario, se reproduce vertiginosamente a razón de 70.000 huevos en una noche; la rana toro, apareció un brote y fue erradicada: el cangrejo rojo americano; el cangrejo azul, apareció en 2012 y ha disparado su crecimiento enseñoreándose del delta; el calamón, un ave parecida a la focha, que come entera la planta tierna del arroz, no el fruto como hacen la mayoría, impidiendo su cultivo. La instalación de estas especies va en detrimento de las autóctonas, sobre todo de la anguila.
En cuanto a las plantas, el eucalipto se introdujo a principios del XX, procedente de Australia, para desecar eficazmente algunos humedales que se pretendían dedicar al cultivo del arroz. Fue a costa de pinos, chopos y abedules. Conviene señalar que no siempre la traída de especies alóctonas desencadena una catástrofe ambiental, siempre que se produzca de manera paulatina y con tiempo para que el ecosistema y las plantas autóctonas se readapten: ocurrió con la llegada de la higuera, primer árbol domesticado, procedente de oriente próximo; el almendro, exportado por los fenicios desde Asia, el pino, el olivo (a partir del acebuche) y casi todos los frutales y numerosas hortalizas que vinieron con los árabes.
También aborda casos similares de otros deltas en peligro, el Nilo en Alejandría, el Mississippi, el Ganges, el Danubio, etc. (por cierto, que el Amazonas es el único gran río que no lo conforma). Se habla la cría de ganado equino y vacuno, de una ganadería de toros bravos. Se explica la moderna introducción del cultivo del arroz por la familia que aloja al autor, nada se dice de como los árabes fueron sus iniciadores en el VIII, al-ruzz, y los monjes cistercienses lo retomaron en el XVII.
Se echa en falta una mayor profusión de pasajes poéticos, donde echa a volar su lirismo con facilidad y acierto durante sus paseos por las dunas, las lagunas, las playas…, que profundice en concepto que solo trata de pasada en ese mundo de frontera, de contrastes -dulce/salado, mar/río, territorio salvaje/poblado- y de finales que supone toda desembocadura -inicio/final, vida/muerte- para, sin embargo, perderse en el día a día de las personas con las que trata -amos y sirvientes, familiares, payeses, capataces, obreros, operarios inmigrantes, guardas, ecologistas botijeros (consultar Isaac Rosa, Lugar seguro, Seix barral 2022)-, en las íntimas cuestiones personales que los aquejan y poco o nada nos interesan ni aportan.
Incide excesivamente en esa crónica social con un afán de novelería que roza el folletón (divorcios, desencuentros conyugales, rencillas familiares y laborales, herencias, desencuentros, luchas de intereses entre propietarios y contra los ecologistas), buscando dar consistencia al relato, articular una trama que se pierde en mil detalles y nos alejan del tema central: el delta del Ebro, que queda como mero telón de fondo en vez de protagonista principal como promete el título.
Resultan reveladoras las páginas que presentan las enfrentadas posiciones de conservacionistas, empeñados en agrandar los límites del Parque Natural a base de inundar de agua dulce nuevos territorios, y los habitantes, preocupados por sobrevivir manteniendo sus modos de vida tradicionales. No siempre el ecologismo militante, vocinglero e idealizado, tan de moda en nuestro tiempo, más propio de despachos, administradores y gestores que apegado al terreno -enarbolado por la progresía, a menudo desinformada- tiene toda la razón. Poco se atiende a los propios afectados, a los cultivadores, a sus modos de trabajar la tierra, a cazadores y pescadores, que han sabido racionalizar sus capturas.
No se puede olvidar que por muy Parque Natural declarado que se considere, este u otro (ahí tenemos el reciente caso de Doñana también), que hubo antes habitantes, pobladores, que por generaciones habitaron, conservaron y gestionaron la zona de una manera sostenida, sino no hubiese podido llegar en condiciones hasta nosotros. Casar las necesidades de unos y otros, encontrar el necesario equilibrio entre sus intereses no es fácil, pero si imprescindible, se habla entonces de una Ecología de Reconciliación, en la que se incluirían además todas las especies animales y vegetales.
Se dice en la contraportada del libro que la obra pertenece al género de nature writing anglosajón, el reportaje naturalista por antonomasia que se aparta del tratado científico al uso, del dossier, para, tomando elementos del relato literario, ganar en fluidez y amenidad. Es la literatura, a la que soy tan aficionado. Pero yo creo que cae más de lleno en el territorio de la novela.
En algún momento, entre otros títulos clásicos, cita el autor una obra de obligada referencia, los Diarios del agua de Roger Deakin. Su prosa virtuosa y sencilla, su esmerado estudio del paisaje y el encanto poético de sus narraciones atraen a miles de lectores. Parto a pues sumergirme en la lectura de los Diarios del bosque. Una vida entre árboles, recién editados, su obra póstuma, desgraciadamente.