Goytisolo en Almería

  

 TRAS LOS PASOS DE JUAN GOYTISOLO POR LOS «CAMPOS DE NÍJAR»

He leído en el Ensayo crítico de Ramón Fernández Palmeral, los reparos que pone al libro de Goytisolo, sobre la veracidad de todo lo que narra. Conjetura:

Publicado en El País, jueves, 19 de febrero 1990, nº 657, titulado « ¡Quién te ha visto y quién te ve!». (Quien te ha visto y quién te ve y sombra de los que eras, es también el título del auto sacramental de Miguel Hernández publicado en Cruz y Raya la revista de José Bergamín), en el que escribe Juan Goytisolo: «En el verano de 1957 atravesé por primera vez la comarca almeriense de El Ejido. El alquitrán de la recta que la mediaba era como el filo de un evanescente cuchillo: una línea estrecha, emborronada por la calina, sojuzgada por un sol implacable; paisaje huérfano, pedregoso, de tierras áridas y arbustos mezquinos. Unos pocos edificios de una planta bordeaban la carretera: puestos de venta de alfarería y cerámica, dos o tres ventas, casuchas enjalbegadas, algún almacén primitivo. Recuerdo que al detenernos Monique Lange y yo, con nuestro diminuto Renault, los parroquianos de un ventorro acudieron a saludarnos: un coche con matrícula extranjera y conducido por una mujer no era pan de todos los días…»

     Estas respuestas confirmaban mis dudas y sospechas de que el viajero y narrador de Campos de Níjar no había pasado tres días en la comarca como vagabundo viajero, caneando, caminando o haciendo auto stop, porque allí los kilómetros parecen más largos de lo normal, sino que había pasado, eso sí de puntillas y en coche, y sospecho además que luego, gracias a un plano como escribe en la página 112, se orienta sobre el terreno, luego inventó unos diálogos posibles o casos leídos en prensa de gente de la comarca, con cuya documentación organizó una novela corta social y no un libro de viajes, que es lo que hemos de tener claro, no hay reportaje ni crónica. Y es que el viajero narrador se contradice en el tiempo real de la novela, por ejemplo en la página 121 nos dice: «Revivía los incidentes de mis tres días [72 horas] de viaje y la idea de lo que no había visto todavía…», luego en la página129 nos dice: «Treinta y seis horas del después, lavado y afeitado como Dios manda, retiré el equipaje de la consigna y cogí el coche de Murcia.» Con estas confusas anotaciones no sabemos el tiempo exacto, por un lado dice que está tres días y por otro que un días y medio 36 horas. Hemos de decantarnos por los tres días, porque sale por la mañana de un indeterminado día de Almería hacia Rodalquilar y Níjar, donde aquí hace noche, luego se va a Cabo de Gata y también hace noche, marcha hacia San José, La Isleta, Las Negras, Carboneras y regresa a Almería, donde se supone que también hace noche, y al día siguiente se macha hacia Murcia por donde había venido. O sea, que duerme tres noches, y en realidad sale de Almería al cuarto día, ya que dice «después de lavado y afeitado», y esto sólo se puede hacer en una pensión, salvo que se diga lo contrario.

     Son ganas de buscarle cinco pies al gato, sacarle un lunar a la chiquilla, hacerse el interesante, tirarse el folio o demás zarandajas. Elude el propósito principal del texto que es entretener e ilustrar sobre tan interesante viaje.

     No le voy a remitir al clásico artículo de The Sun, periódico de York, que en 1897 publicó la pregunta de la niña de 8 años Virgina O´Hanlon, residente en Manhattan, en cartas al director, acerca de la existencia o no de Santa Claus y la sustanciosa respuesta del editor, que ha creado escuela. Aunque no es difícil rastrearla en internet. Ni, más recientemente, a la interesante novela del escritor inglés Martin Amis, El loro de Flauvert, Ed Anagrama, que ilustra perfectamente la obsesión de algunos lectores y críticos literarios por descubrir fallos, escudriñar erratas o levantar gazapos en novelas y autores cuanto más famosos mejor. En este caso a cuenta de que Flaubert alude en repetidas ocasiones al tono de ojos de Emma Bovarí, que según los pasajes, cobran uno u otro color.