INICIOS DEL TERMALISMO MARINO

Desde mediados del XIX la Riviera italiana y francesa, así como las cumbres alpinas suizas, se habían convertido en un enorme sanatorio. Se recomendaba su excelente clima mediterráneo y el aire de montaña para tratar la tuberculosis y todo tipo de enfermedades pulmonares.

     La reina Victoria de Inglaterra visita en 1882 Menton, entre Niza y San Remo, con su hijo enfermo, el príncipe Leopoldo. Le siguieron muchos enfermos nórdicos, su temporada comenzaba en noviembre y terminaba con los primeros calores.

  En 1960 Joaquín Farnós escuchó en la emisora en español de Radio París una entrevista al doctor Maurice Jordá, director del Centro Helio-Marin et Readaptation Fonctionale de Colliure, en el departamento de los Pirineos orientales franceses, muy cerca de Perpiñán. Aquella entrevista motivó que, al finalizar sus estudios de medicina, escribiese una carta al doctor Jordá solicitándole un puesto de trabajo en ese sanatorio para completar su especialidad en rehabilitación y reumatología, que ya había iniciado en la Facultad de Medicina con el profesor López Prats. Tras pasar en este centro un año, siguió su formación en el hospital Lariboiser de París. Volvió a Castellón, decidido a crear un Centro de Talasoterapia en la costa para la utilización terapéutica de las virtudes curativas del agua de mar y del medio marino. Acordaron instalarse en Castellón, donde ya había una consulta de reumatología y un pequeño centro de rehabilitación en el que se trataban los primeros casos de la epidemia de poliomielitis que tanto afectó a la provincia. Tras visitar varios lugares como la playa del Pinar de Castellón, Benicàssim, Oropesa y La Renegà (sita entre los dos anteriores), se optó por Benicàssim, precisamente en un edificio que estaba en construcción con la estructura casi terminada, para edificar 54 apartamentos.            
A los franceses les encantó la situación y, sobre todo, la posibilidad de adaptar la estructura de apartamentos a una clínica de 100 habitaciones, con comedor, cocina, salas de tratamientos, cabinas de masajes, gimnasio y la posibilidad de poner en marcha un departamento de balneoterapia con piscina de rehabilitación de agua de mar a 36ºC y bañeras para aplicar lodos y algas marinas.

En 1966, con el edificio terminado, se celebró un congreso médico con asistencia de más de 50 doctores españoles y franceses, para dar a conocer este centro que iba a ser el primero en España en la rehabilitación de enfermedades neurológicas, post-traumáticas y reumatológicas. Benicàssim, en aquella época, aún no era conocida como centro turístico, pues sólo existía por entonces el Hotel Voramar, las villas antiguas y los primeros apartamentos de Torrecassim, junto a ellas.  
Se realizó una gran campaña publicitaria con la instalación de más de 100 vallas publicitarias, en prácticamente todas las carreteras españolas, donde además de publicitar el centro de Termalismo se dio a conocer Benicàssim y sus playas.   
Joaquín Farnós hizo lo mismo con otro centro en Normandía, transformando un magnífico y antiguo edificio en centro de rehabilitación y otro centro de talasoterapia en San Juan de Luz, en la costa vasco-francesa.

Se inició la actividad terapéutica en junio de 1966. Debido a la carencia de personal especializado en rehabilitación, la formación del equipo sanitario fue lo prioritario. Tampoco existían entonces fisioterapeutas en España, se contrataron a profesionales franceses muy bien formados. Se inició la actividad asistencial con clientes pacientes privados españoles y extranjeros y enfermos procedentes de la Seguridad Social española, con la que se firmó un concierto de colaboración. La plantilla alcanzó a más de 300 personas, junto a otras 100 que desarrollaron su labor en el Hotel Palasiet, hoy aún en actividad después de 40 años y propiedad de la familia Farnós.      
     El termalismo fue rápidamente conocido nacional e internacionalmente. En poco tiempo la clínica se fue llenando gracias a la necesidad de tratamientos de rehabilitación, con algunos muy conocidos: Ignacio Villalonga presidente del Banco Central y del Banco de Valencia, Ignacio Gervasio, presidente del Banco de Bilbao, Ramón Areces, presidente del Corte Inglés, políticos, José María Sánchez Arjona, embajador de España en París. También toreros, como Mario Cabré, que era a su vez actor de teatro y cine y poeta. Recuerdo oír de mis familiares de Benicàssim que se reponía de un mal de amores, de resultas de la ruptura con Ava Garner, nada menos. Grandes líderes de la industria, como los Oriol y Urquijo, propietarios del tren Talgo. Periodistas como Salvador Vallina y Alfredo Marquerie, etc.
     Pese a las grandes diferencias sociales, todas estas personalidades compartían día a día los tratamientos y el ocio (partidas de cartas o dominó) con los pacientes procedentes del mundo del trabajo que ingresaba del Instituto Nacional de Previsión de la Seguridad Social.

     En 1970, como consecuencia de los contratos con la Seguridad Social sueca y danesa, el Centro Termalismo amplió con otro edificio y se creó otra clínica en el Hotel Palasiet, llamado entonces «Residencia Marie», destinada a albergar pacientes dependientes del Ayuntamiento de Copenhague, en Dinamarca. Llegaron a haber más de mil personas en tratamiento y unos 450 trabajadores.

     Así, el complejo sanitario se consolidó con una clientela nacional y extranjera, hasta que en 1975, ocurrió el famoso Proceso de Burgos, unos meses antes del fallecimiento de Franco, y en el que fueron fusilados varios terroristas de ETA y del FRAP. Ello supuso una gran reacción internacional contra España, incluso con el intento de asalto a la embajada española en Bruselas. Al día siguiente de estos fusilamientos, llegó un teletipo que informaba que todos los enfermos suecos y daneses serían evacuados junto a todo el personal escandinavo. Pese a esta difícil situación, el termalismo siguió con su actividad, gracias al uso de su clientela, privada y procedente de la Seguridad Social nacional y extranjera, con enfermos franceses y suizos.  

Obras de derribo del edificio del Termalismo en Benicassim


     A finales de los setenta el centro del termalismo comenzó a pasar ya una época económicamente difícil, con unas disminuciones de la clientela privada y retrasos importantes en los pagos mensuales del Instituto Nacional de Previsión. De los balances contables de aquellos últimos años antes de su cierre, se desprende que el termalismo entró en unas cuantiosas pérdidas económicas anuales, especialmente entre los años 1987 a 1992, y ello acabó cuando la autoridad judicial ordenó su cierre por desahucio al no poder hacer frente a los pagos del alquiler del edificio.