La Cora de Tudmir

Transito los últimos territorios de la antigua, prospera y renombrada Cora de Tudmir, condado de Teodomiro en cristiano, como se prefiera. Hace días que la recorro, desde que cruce el rio Almanzora concretamente, antes de Águilas, si hemos de ser escrupulosos; pero se puede considerar que su auténtico núcleo fue este, el que piso ahora.

   Famoso por su habilidad estratégica, así como por sus guarniciones y defensas costeras -que son las que me interesan-, no he de dejar pasar ocasión de referirme a Tudmir. La cora era la unidad de división administrativa de los territorios musulmanes. Ocupaba, la suya, parte de las provincias de Albacete, hasta Hellín por el interior; Alicante, por el norte llegaba hasta la actual capital (algunos autores la alargan hasta Elda y Villajoyosa) y la totalidad de la actual Murcia.

     Existió un pacto en el siglo VIII en el mayor momento de expansión del Califato Omella entre el conde visigodo Teodomiro y el conquistador árabe Abd-Al-Azizlbn Musa (hijo de Muza, gobernador del norte de África, cuyo enviado Tariq llegó a la península para ayudar al rey visigodo don Rodrigo en 713, negándose a regresar ante las buenas perspectivas de conquista), por el respetan ambos la integridad y gobierno del territorio visigodo a cambio del alimentos e impuestos.

     El avance musulmán tenía dos frentes de ataque: por el oeste Tariq se encontraba atacando Mérida, que llevaba meses resistiendo; mientras Abd-Al-Azizlbn asediaba Lorca, donde fue rechazado por Teodomiro, emprendiendo camino hacia Orihuela, capital de esa provincia cristiana, con igual resultado merced a las estratagemas del conde para burlarlo y ante la premura por lograr un pacto acuerdan:

 «En el Nombre de Allah, el Clemente, el Misericordioso. Edicto de Abd al-Aziz ibn Musa ibn Nusair a Tudmir ibn Abdush [Teodomiro, hijo de los godos]. Este último obtiene la paz y recibe la promesa, bajo la garantía de Allah y su Profeta, de que su situación y la de su pueblo no se alterará; de que sus súbditos no serán muertos, ni hechos prisioneros, ni separados de sus esposas e hijos; de que no se les impedirá la práctica de su religión, y de que sus iglesias no serán quemadas ni desposeídas de los objetos de culto que hay en ellas; todo ello mientras satisfaga las obligaciones que le imponemos. Se le concede la paz con la entrega de las siguientes ciudades: Uryula [Orihuela], Baltana, Lakant [Alicante], Mula, Villena, Lawraka [Lorca] y Ello. Además, no debe dar asilo ni producir daño a nadie que huya de nosotros o sea nuestro enemigo; ni producir daño a nadie que goce de nuestra amnistía; ni ocultar ninguna información sobre nuestros enemigos que puede llegar a su conocimiento. Él y sus súbditos pagarán un tributo anual, cada persona, de un dinar en metálico, cuatro medidas de trigo, cebada, zumo de uva y vinagre, dos de miel y dos de aceite de oliva; para los sirvientes, sólo una medida.

Dado en el mes de Rayab, año 94 de la Hégira [5 abril 713]. Como testigos, Uzmán ibn Abi Abda, Habib ibn Abi Ubaida, Idrís ibn Maisara y Abul Qasim al-Mazáli.»


     Existe constancia del matrimonio de Teodomiro con la hija de un yundí árabe, pero parece que no tuvo descendencia masculina. En 743 se estableció un nuevo impuesto en la cora, algunos historiadores interpretan esto como que el pacto con Teodomiro dejó de estar vigente y este había muerto, otros retrasan la desaparición de la cora al año 776, a causa de una rebelión pro-abasí, contra Abderramán I. Le sucedió Atanagildo que no pudo mantener esa autonomía frente al contingente de tropas sirias llegadas a la península.