
El doctor Gunter Bodek, un pediatra alemán, descubrió y propuso aquel lugar como punto de reposo y hospital de retaguardia, al igual que el que existía en Murcia, porque era necesario un emplazamiento para los heridos de XIII Brigada Internacional que iba a participar en la batalla de Teruel, llegaron a sufrir bombardeos en diciembre del 1937-enero 1938. Las BB.II. organizaron su propio servicio sanitario con una red hospitalaria propia, con varias sedes (Murcia, Alcoy, Albacete, etc.)
Para ello sería necesario habilitar las villas, casi medio centenar existían, y un convento cercano al pueblo (el de las Oblatas, habilitado como cocina –otra para comidas de régimen existió en Villa Rosita), disponían también del hotel Voramar, recién inaugurado (se convertiría en sala central de operaciones), y de un garaje. Tenían capacidad, en un principio, para 150 camas, luego hubieron de ampliarse a 400, después de la batalla del Jarama, en febrero 1937, y llegarían a contar con 1200 camas a finales de ese año.

A lo largo del tiempo que estuvo útil, desde diciembre de 1936 hasta abril de 1938, pasaron por sus instalaciones más de siete mil heridos y convalecientes, tanto españoles como extranjeros.
Ayudaron a la elección de ese enclave, además de la proximidad al frente, la benignidad del clima, las vías de comunicación existentes (la carretera nacional a Barcelona pasaba por detrás de las villas y también la vía férrea, que disponía de estación de tren en el pueblo, en Benicasim, y apeadero cercano en El Palasiet). Además las villas estaban deshabitadas y eran fáciles de incautar, incluso algún propietario había ofrecido desinteresadamente su chalet.
Funcionaron como hospital mixto, quirúrgico y de reposo. Aunque en determinados momentos fue insuficiente y hubo de completarse con el Hospital Provincial de Castellón (Hospital de Sangre Casa del Pueblo) y otro que se montó en Almazora. Se produjeron sucesivas ampliaciones conforme fue avanzando la guerra, relacionadas con ofensivas militares cercanas y momentos álgidos de los combates.
Las villas fueron rebautizadas con nombres propios relacionados con el comunismo. Así, por ejemplo, hubo una biblioteca en villa Victoria, conocida como Casa de la Cultura Máximo Gorki, que llegó a tener más de 2000 libros en 15 lenguas diferentes. Se realizaban periódicos murales (incluso uno en chino) y hojas informativas, y existían comisarios políticos que realizaban frecuentes reuniones para velar por estado anímico de los soldados y mantener su moral. Se organizaban cursos para que los brigadistas aprendieran español, eran frecuentes las veladas cinematográficas con películas soviéticas, los bailes, las excursiones, veladas artísticas y teatrales, conferencias, concursos, etc.
Los hospitales de dividen en pabellones especializados, así las villas reconvirtieron sus habitaciones más grandes para los enfermos y heridos, ocupándose cada una en un tipo de lesión concreta: heridas en brazos, piernas y cabezas, otras para pecho y estómago, etc. Funcionaba también un jardín de infancia para niños refugiados en Villa Elisa.
Cuando, a mediados de 1937, tras el fracaso por conquistar Madrid, Guadalajara y el valle del Jarama, el sentido de la guerra cambió, Franco pasó a utilizar la estrategia de la aproximación indirecta: objetivos menos ambiciosos, pero más fáciles, debilitando al enemigo con el alargamiento de la guerra. El escenario de las operaciones se trasladó al norte, con ello el complejo hospitalario de Benicasim pasó de ser básicamente quirúrgico a convertirse en Casa de Convalecencia y Centro Permisionario. Los heridos graves se trasladaban aquí para su recuperación, abundaban los heridos leves y los soldados de permiso.
Cuando se recrudeció la contienda, a mediados del 37, tras los sucesos de Barcelona y la crisis de gobierno de Largo Caballero, con la caída de Bilbao y la ofensiva republicana de Segovia y Huesca para evitar el desplome del llamado cinturón de hierro vasco , hubieron de duplicarse el número de camas, se triplicó el de oficiales, aumentaron los cirujanos, se instala una unidad de neurocirugía norteamericana y las enfermeras pasan de 24 a más de 60, así como se incrementa el personal auxiliar (limpiadoras, planchadoras, lavanderas, cocineras).

Pasaron por estas instalaciones escritores como Dorothy Parker, John Dos Passos y Paul Roberson, entre otros; el fotógrafo Cartier Bresson y en la Villa Paquita tuvo lugar la historia de amor entre Ernest Hemingway Martha Gellhorn.
