
La historia de los viajes, periplos, diásporas y peregrinaciones, desde que tenemos constancia (aunque es probable que sus precedentes se remonten a las visitas a santuarios prehistóricos en cuevas y a monumentos megalíticos) comienza, en lo que se refiere al Viejo Continente, con un sentido religioso, con los viajes a los santos lugares cristianos citados en el Nuevo Testamento. Ello propiciará, siglos más adelante, los diferentes intentos de rescate de aquellas tierras por medio de las cruzadas. Surgirían posteriormente las visitas de los musulmanes a la Meca, junto con otras a santuarios y tumbas de determinados santones.
Si del relato, que conlleva la narración de las aventuras vividas, sobre viajes a cargo de autores hispanos hemos de tratar, habrá que citar de entrada a Egeria, aristócrata patricia, primera viajera cristiana, entre 381 y 384, que dejó constancia escrita de su paso por Jerusalén y los santos lugares que aparecen en el Evangelio. También visita las comunidades del desierto y los monasterios primeros que habían surgido como consecuencia del eremitismo naciente. Antes lo habían hecho Melania, entre 371 y 372, otra noble que al enviudar a los 22 años decidió visitar a los anacoretas del desierto en Egipto, y Poemenia que anduvo por Egipto y Palestina entre 384 y 395. Son los casos conocidos, quedó registro escrito o referencia de su traslado, aunque no serían los únicos seguramente.
Fue el inicio de las peregrinaciones, entendidas como tales, como visita, remembranza y oración en los lugares que fueron escenario de pasajes de la vida de Jesús para impregnarse del olor de santidad y de las benéficas influencias que emanaban de ellos. Pensemos que en la misma medida en que se valoraron y atesoraron siglos después las reliquias o cualquier residuo de la vida o el paso de los apóstoles, los mártires o los santos, que dieran testimonio de su predicar, así también sucedía con los emplazamientos que los acogieron.
Pero centrémonos en la figura capital de este tipo de relatos. Benjamín, judío de la aljama de Tudela, nació alrededor de 1130, era hijo de un rabino y nos interesa porque escribió en hebreo un importante libro: Libro de Viajes o Séfer-masa`ot, relato fidedigno de sus andanzas y vivencias a lo largo del Mediterráneo. Era un hombre inteligente e ilustrado, versado en la Torá y el derecho rabínico, poseía conocimientos en historia clásica, experto en diferentes artesanías y negocios, posiblemente mercader y, por tanto, su periplo tuvo un marcado carácter comercial.
Salió de su Tudela natal a finales de 1165 o principios de 1166, pasando por Zaragoza, Tortosa, Tarragona, Barcelona, Gerona, Narbona y otros pueblos del sur de Francia, se embarca en Marsella hacia Italia, visita Grecia, Constantinopla, arribando a Jerusalén. Después visita Bagdad, Damasco. También hace referencia a La India y China, aunque no es probable que llegara tan lejos. Las sucesivas compilaciones y ediciones incluyen fragmentos de los redactores que resultan poco fiables. Al hablar de Egipto, el relato se vuelve más verosímil, conoce El Cairo, el monte Sinaí, Alejandría, entre otros lugares. Se embarca para Sicilia en 1170 de regreso, llega a Roma, después a París y ahí se corta la narración; pero lo más seguro es que recalase en Mallorca y algún puerto valenciano a continuación, y desde allí a Tudela.
En su itinerario da buena cuenta de las comunidades judías que lo acogen en los lugares por donde pasa, comenta la situación política y militar de las naciones que transita y pone especial interés en pormenorizar el relato de los grandes centros económicos, mercantiles y artesanales, las rutas comerciales terrestres y marítimas que los conectan y las posibilidades comerciales subsiguientes. Aporta valiosa información sobre la agricultura, la producción de las huertas, las rotaciones y los sistemas de regadío, la pesca, la artesanía y las manufacturas, alude en menor medida a los recursos ganaderos. No escatima comentarios sobre recursos propios susceptibles de comercializarse: las especias (mirra en el Tibet, pimienta negra en Quilón), azúcar en Tiro, coral en Trápani, etc.
Su viaje no es el típico de un judío a Tierra Santa, sino más bien una ruta comercial encaminada hacia los grandes centros económicos de las ciudades de próximo oriente (Constantinopla, Bagdad, Damasco, El Cairo), que va modificando en función de información que va recogiendo, para sondear posibilidades mercantiles.