PESQUERIAS DE ACANTILADO EN MARINA ALTA

Son muy antiguos los vestigios de habitación litoral en la zona de la Marina Alta alicantina, los más próximos en la Edad del Bronce los encontramos en cabo Prim o cabo San Martí, en el tossal de Sta Lucía, también en el alto de Capsales y el Tossalet, en Xávea, en la Peña del Gurugú en Granadella, la cueva de la Mina en cabo Negro y Cuevas Santas en el cabo de San Antonio. Sigue la presencia griega, seguramente en Denia, y la importante colonización romana, sobre todo durante las guerras civiles sertorianas, de la que se ha hablado en jalones anteriores. Hubo después una taifa de Daniyya (Denia). Tras la reconquista cristiana en el XIII se puebla el territorio con catalanes, pero persiste una importante masa de población morisca durante tres siglos y medio (hasta su definitiva expulsión en 1609, quedaran reductos de bandoleros moriscos en las sierra de Mariola, Aitana y Xátiva), que se  incrementa con población de payeses baleares.

     Al estudiar este tipo de pesca característico de la zona, tan arriesgado y expuesto,  colgado el pescador de un saliente natural de la roca o artificial, en medio de paredones de vértigo que superan a menudo los 100 o 150 metros, vemos que se denominan pesquerías de cingle, de barranco o precipicio, o en acantilado (en valenciano: espaldats, penya, segat).

     Consistía en fabricarse un puesto fijo mínimo para pescar por la noche. Se posibilitaba el acceso con cuerdas, cables y escalas enganchadas en anclajes (pernos, clavos, hierros o salientes de la roca), que permitían llegar a la pesquería donde previamente se había armado una sólida plataforma de cañizo rectangular, reforzada con traviesas de madera, sobre la que se situaba el pescador, caso de que no se dispusiera de refugio natural (saliente o covacha). Se prefería un emplazamiento en un cabo, morro, punta u otro accidente costero saliente, por ser zona de paso de los peces; y con bastante profundidad, cuanta más, mejor, mayor  posibilidad de obtener capturas.

     Se pesca de noche, con la luna en cuarto menguante o durante la luna nueva, en completa oscuridad, asistidos con la luz de un carburo (y un espejo para incrementar su potencia) que atraía a los peces. Se produce un reacción trófica en cadena: acude primero el fitoplancton y el zooplancton a atraparlo, a su vez necton formado por peces pequeños (voladores, sardinas, et.) se lo comen, y pescados más grandes carnívoros o ecton como el calamar, la sepia, la aulla, etc. que son los que busca el pescador. Si se disponía de un abrigo o covacha con cierta amplitud, con  piedras y ladrillos se levantaban paredes, cobertizos y estancias para descansar y guardar los aparejos de pesca. La mejor época para las pesquerías iba de finales de enero hasta marzo. Era cuando se acercaban al litoral muchas especies para reproducirse.

     Llegaron a contabilizarse 103 emplazamientos de pesquerías de acantilado, según el completo estudio de A. Barber, I. Guardiola y M. Almenara en su libro Nits y peixos a les pesqueres de cincle, desde el término de Calpe, siendo la más meridional la de Les Paleres, en el Morro de Toix, hasta el de Jávea. Vuelto el cabo de San Antonio, incluso en el término de Denia, aún tenemos tres situadas en su cara norte: la de Cueva Tallada, punta de les Arenetes y Cueva del Agua Dulce. Después termina la costa acantilada y se abren longilíneos arenales que ya no la hacen posible. Se reparten por términos municipales así: 12 en Calpe, 9 en Teulada, 4 en Poble Nou, 75 en Xávea y 3 en Denia. Desde el Morro de Toix hasta el cabo San Antonio.

     En cuanto a las diferentes técnicas de pesca utilizadas, destaca la pesca con caña, con carnaza de gambita roja de rio para el calamar y la sepia y lombriz marina, caracoles o pan duro para el jurel, la oblada, que eran capturas mayoritarias; escorpora, rascacio, corvina, boga, corvina, corballo y verrugato, en menor medida. Algún de sargo, dentón, serrano, mojarra también se cogía. Otra técnica se practicaba con la potera, un cilindro de plomo rodeado de ganchos en su base para enganchar sepias y calamares. El volantí, aunque esta técnica se practicaba más desde la barca cuando se iba desplazando, fijado también con soga de cáñamo y un anzuelo grande. Y, finalmente, se pescaba con el rall, una red pequeña circular, lanzada a brazo por el pescador a un banco de peces, a modo de lazo vaquero.

     Se armaron la mayoría de las pesquerías a finales del XIX y principios del XX por campesinos y gentes que no disponían de barcas, que buscaban completar sus ingresos vendiendo las preciadas capturas obtenidas (muy apreciadas en días de ayuno y abstinencia), sino no se comprende el riesgo que corrían colgados de los paredones. Las pesquerías exigían de reparaciones y mantenimiento continuado. En cuanto a los tipos de uso, existían las pesquerías comunales, que se utilizaban pidiendo turnos, y las particulares.

     Existe constancia histórica escrita de su existencia desde finales del siglo XVI. Las más antiguas son las ubicadas entre el cabo de San Antonio y el cabo de Oro, en Moraira.

     Desde principios del XVI se había incrementado la presencia de naves piratas turcas, procedentes del norte de África, y en la comarca de La Marina se producían muchos ataques. Hubo de incrementarse la vigilancia de los cuarenta kilómetros de costa accidentada entre Denia y Calpe, revisar el sistema de defensa de este litoral tan transitado. La estrategia se basaba en el dominio visual y la interconexión de enclaves de vigilancia, la defensa con torres o fortines de los puntos estratégicos de desembarco o aguadas, la protección de las poblaciones y de las rutas que permitían acceder al interior y el escrutinio de calas, cabos y posibles refugios donde quedasen ocultos los bajeles corsarios. Llegaron a haber 11 puntos fuertes a la vista (torres, fortines, castillos) y otros 6 ocultos, modestas construcciones, algunas eventuales, para soldados y atajadores. Los vigilantes de las torres, aunque lo tenían prohibido, debían practicar la pesca de acantilado porque entorno a ellas proliferaron los puestos de pesca de cingle.

     Se prohíbe la pesca nocturna –en las barcas se utilizaba también la técnica de encesa, un fuego para atraer las capturas- por resultar orientativo para los piratas, posibilitar la captura de los pescadores o confundir las señalización militar a base de ahumadas.

     Entre el XVI y XVII el peligro es permanente, continuados los ataques en el Reino de Valencia, solo afloja en el XVIII cuando a finales de siglo podemos dar por finalizada la piratería árabe en el Mediterráneo a finales del XVIII con la firma de tratados de paz y comercio con las principales potencias: con Marruecos (1767), con Turquía (1783), con Trípoli (1784), con Argel (1785) y con Tunícia (1776). No así la de corsarios franceses e ingleses. Se produce entonces un incremento de las pesquerías de acantilado, a cargo de los habitantes del vuelto a repoblar Poble Nou de Benitatxel principalmente, al abrigo de la protección que le brinda la construcción del fortín del Morro del Castillo, junto a la cala Granadella. Aumenta también la pesca con barca, que se hace profesional (se crea un registro de matriculación de naves). Cada vez se producen más capturas lo que obliga a armar las nuevas pesquerías en lugares más inaccesibles y peligrosos, siempre por encima del embate del oleaje.

     Después de la mitad del siglo XX se puede dar por finalizada, aunque queda algún testimonio en los años noventa, por diferentes razones: la mejora del nivel de vida, ha desaparecido el hambre y la necesidad de arriesgarse en este difícil arte de pesca; las capturas son cada vez menos numerosas (se acusa la sobrepesca, y el efecto de la contaminación, la existencia masiva de urbanizaciones y turismo) y los pescadores que la practicaban son demasiado viejos. Además el deterioro de los puestos hace su acceso y estancia muy peligrosos. Así que, si se da algún caso, es más bien por gusto, por afición o por riesgo.

pesca al rall