UBICACIÓN DE HEMEROSCOPIÓN

Más que un topónimo concreto, un lugar señalado, parece referirse a determinados sitios específicos desde donde, por circunstancias topográficas o náuticas, se podía situar un vigía sobre una atalaya, un tronco de árbol habitualmente, y detectar la llegada de bancos de atunes. Ese nombre se dio, por extensión, a varios puntos del litoral, figurando en algunos mapas antiguos, por lo que se ha prestado a confusión. Numerosos autores han pretendido situar esa determinada ciudad, como una fundación masaliota, griega, en el litoral que recorro actualmente en la Marina Alta, mayoritariamente se inclinan por Denia. Un estudio del profesor de la Universidad de Valencia, Fco J. Fernández Nieto, 2002, analiza estupendamente el equívoco y nos ilustra, con rigor y amenidad, sobre el verdadero significado del término.

Está bien documentada la pesca de especies migradoras (atunes, bonitos, caballas, melvas) en el Mediterráneo Occidental, que se sospecha existió desde antes del I milenio a C. Procedentes de aguas boreales, los atunes entraban por el Estrecho de Gibraltar, donde eran capturados por fenicios e íberos; seguían su migración y a la altura de la desembocadura del Ródano, por celtas y fóceos; atravesaban Liguria, acosados por etruscos, ligures y sículos; descendían la costa itálica, Sicilia, hasta llegar a la Grecia continental e insular, introduciéndose en el mar Negro, que parece poseía favorables y particulares condiciones para reproducirse y desovar. Esto ocurría en primavera, a partir del mes de marzo, (migración gamética o germinal), era cuando se colocaban las almadrabas de venida o de ida y las de regreso o de vuelta, desde junio hasta octubre, almadrabas de retorno (migración postgamética).

Se conocían los puntos favorables de la costa: bien abrigados de los vientos, poseían suficiente profundidad para que los bancos de pescados se acercaran a la orilla, con ubicación de salinas próximas para conservar las capturas, preparar conservas y salsas de pescado (eran completas factorías, conocidas también como almadrabas).

Nos ha llegado el testimonio de Claudio Eliano, su texto Historia de los animales describe detalladamente el proceso de pesca en algunas ciudades de Ponto Euximio o mar Hospitalario (corresponde al Mar Negro) como Herclea, Tío y Amastris, y, por extensión, creemos que ocurría igual en todo el Mediterráneo. La preparación y la técnica de captura merece ser reproducida palabra por palabra:

Se situaba un vigía de la mayor agudeza que, basándose en la coloración del agua (tono entremar, azul morado, por el brillo de sus lomos) y en el oleaje espumoso provocado por sus aletas dorsales (repío), señalaba a los pescadores de qué parte venían los atunes, hacia donde y cómo debían extender las redes lastradas con plomo que acarreaban en sus barcas. Con voces y señales acordadas, les señalaba cómo ir cerrándolas para después acercarlas hacia la costa. Las barcas, previamente habían atado un cabo al tronco de abeto que sostiene al vigía, y enlazando las redes, remaban en fila, una detrás de otra, para ir soltando la larga red, de cientos de metros generalmente, que se había repartido entre todas ellas. Cercaban al banco de retraídos atunes así, que se quedaban quietos al verse rodeados, incapaces de escapar. Elebaban entonces los pescadores una plegaria a Poseidón, en su acepción de ahuyentador de males, para que entre las capturas no hubiese caído ni pez espada ni delfín, pues estos acometían las redes y las perforaban, escapando los atunes.

Esa técnica ha permanecido hasta nuestros días, se ha recogido en varios estudios sobre pesca en Grecia publicados incluso en 1907.

Parece que sobre el castillo de Denia existió una atalaya, tynnoskopeia, de este tipo, de ahí el nombre genérico de hemeroskopeion del enclave. Debió de haber una aldea abajo, no una colonia propiamente, habitada solamente durante la temporada de pesca de atunes, de febrero o marzo a octubre, donde un grupo de pescadores griegos, masaliotas, de acuerdo con población preexistente fenicia y ayudados por braceros íberos, contestanos, practicarían la almadraba. Existían salinas próximas para conservar las capturas (ahí mismo o cerca: en El Verger, al norte, o en la playa del Arenal de Jávea), talleres de ánforas para envasar la producción y agentes comerciales que se encargaran de su exportación. Dispondrían de un embarcadero, engullido bajo la actual población, la línea de costa entonces llegaba hasta la misma falda del monte, unos 200 m. tierra adentro de lo que la vemos ahora.

Arriba debió existir un altar sagrado al aire libre consagrado a Tanit fenicia y, su asimilada griega, Ártemis Efesia, protectora de los mares y la navegación, símbolo de la abundancia, a la que se realizarían sacrificios propiciatorios. Según Estrabón a la colina se la denominaba Artemision.

En época romana se mantiene la producción de la importante almadraba, pero su propiedad y gestión pasa al estado. Se constituye Dianium o Artemisium, en honor a la diosa Diana, como importante urbe con categoría de municipio. Tendría una importancia máxima en las guerras civiles del siglo I d. C. como base de operaciones de la facción sertoriana, según Cicerón, y mercado de los objetos robados por sus soldados y su campamento naval (Salustio, Hist. I, 124).

Podemos concluir entonces que Hemeroskopeion alude a un nombre común a algunos promontorios rocosos que destacaban en la línea de costa. Existen una serie de topónimos ligados a la presencia de griegos en el Mediterráneo occidental (Salauris, Lebedontia, Cipsela y Hemeroscopeion) que no representan asentamientos o colonias, necesariamente, sino referencias navales: lugares favorables para la pesca, accidentes topográficos, etc. que aparecen en los rudimentarios mapas de navegación y de registro de la costa, y que se han tomado por verdaderas colonias.

Dudamos entonces de la existencia de colonias griegas, propiamente dichas, en el litoral valenciano, además de no haberse hallado testimonios arqueológicos materiales, a pesar de ser citada por Estrabón, y aparecer también en otros escritores fundada por los foceos (Artemidoro en Esteban de Bizancio) o massaliotas.